Prólogo

por Juan Carlos Godenzzi

 

Me satisface escribir unas palabras para saludar la publicación del Diccionario Bilingüe Quichua-Castellano / Castellano-Quichua de Santiago del Estero. Este esfuerzo notable, realizado por Lelia Inés Albarracín y sus colaboradores Héctor René Tevez, Claudio Sebastián Basualdo y Jorge Ricardo Alderetes, responde a una necesidad sentida por docentes de las zonas bilingües, por estudiantes de lingüística y por el público en general: disponer de un registro bilingüe que permita conocer la especificidad léxica de la región, que sirva de apoyo a la educación intercultural bilingüe y que invite a quienes no conocen el quichua a acercarse a esa lengua y familiarizarse con ella.
Son muchas las reflexiones de orden lingüístico que puede suscitar el material contenido en este Diccionario. Me limitaré solo a algunas, referidas a la traducción, a la variación y el contacto lingüístico. Cada entrada en una lengua tiene supuestamente su “traducción” o “equivalente” en la otra lengua, pero en realidad la relación que se da entre esos términos es bastante más compleja, ya que cada lengua propone una visión y división particular del mundo. Veamos algunos ejemplos. En la parte Castellano-Quichua del Diccionario, para “cuerpo” se encuentra uku. Si se va a la parte Quichua-Castellano, para uku se encuentran tres acepciones: “1. s. Cuerpo humano, cuerpo. || 2. s. La parte de adentro, el interior, el medio. || 3. adj. Interno, interior”. Si bien esos dos términos pueden eventualmente designar una misma realidad, tienen una organización semántica muy diferente. El significado de uku es “interior” y solo por un efecto de sentido puede llegar a significar “cuerpo”. Uku no recubre el mismo campo semántico que cuerpo. Un ejemplo similar es el de pacha, que no puede ser traducido por una sola palabra al castellano, sino por varias: “1. s. Tiempo. Época, momento. || 2. s. Espacio. Lugar, sitio. Universo, mundo, orbe”.
Las ausencias también son significativas. Así, p.e., en quichua no hay un sustantivo genérico equivalente a “abeja”; lo que sí hay son términos para las variedades particulares de “abeja”: yana, chilalu, kayasán, qella, chumalu, moro-moro, tal como se puede apreciar en esta entrada:

Abeja s.n.g. Variedades: yana 1. s.

  1. Variedad de a. que hace su colmena de barro: chilalu. s.
  2. Variedad de a. que hace su colmena en los huecos de los troncos de árboles: kayasán, qella 2. s.
  3. Variedad de a. que suele libar de los frutos en fermentación: chumalu. s.
  4. Variedad de abejita silvestre: moro-moro. s.

Todo esto nos indica que el léxico de una lengua es una manera particular de ver y de organizar la realidad, que no coincide necesariamente con la visión y la organización ofrecida por el léxico de otra lengua. En ese sentido, el Diccionario ofrece múltiples ocasiones para descubrir el contraste que se da entre el quichua y el castellano en lo que se refiere a su organización semántica.
Otro aspecto que merece una reflexión es el que se refiere a la variación y el contacto lingüístico. En efecto, el Diccionario presenta las voces y expresiones realmente utilizadas en la comunidad, confrontándonos entonces con variantes de la lengua quichua, pero también con variantes del castellano. Consideremos esta entrada del Diccionario: “Aay ~ away. v.tr. Tejer. Chusita aay! ‘¡Tejé una colcha!’”. Advertimos que la forma quichua más utilizada en la región es aay, si bien away no está ausente; y que en el castellano de Santiago del Estero se da el voseo verbal: tejé (vos). Otro ejemplo está dado por la entrada correspondiente a allpa: “Allpa ~ ashpa. s. Tierra, polvo, suelo”, y por el ejemplo ofrecido: “Allpa mankapi lokrota ruway ‘Hacé locro en la olla de arcilla’”, constatamos la coexistencia de allpa y ashpa en el quichua regional, pero también particularidades del castellano: la adopción del término “locro” y, una vez más, el voseo verbal: hacé (vos). De otra parte, y como resultado del intenso contacto y mezcla de las dos lenguas, resulta de interés constatar que el Diccionario recoge numerosos términos procedentes del castellano que ya se han integrado al quichua, en mayor o menor grado. Algunos de esos hispanismos son los siguientes: agradecey, alajita, altu, asutiy (< azotar), batan (<batán), bisgo (< bizco), brujiay (<brujear), burru, alwa (<alba), sirwiy (<servir), ultimu, valey (<valer). El término malu (<malo) ha pasado a significar “diablo”; y unto (<untar) ha llegado a significar “pomada”.
En relación con la educación en zonas bilingües, el Diccionario resultará un recurso útil para apoyar a los profesores en su trabajo de enseñanza, pero también a los alumnos en su proceso de aprendizaje. Sabemos que la educación intercultural bilingüe privilegia partir de la propia forma de hablar y de la cultura concreta de los educandos para, sobre esa base, propiciar la adquisición de otras formas de hablar, así como la construcción de nuevos conocimientos. El Diccionario que presentamos resulta pertinente en ese proyecto, ya que ofrece elementos de la lengua y la cultura local que aseguran esa base necesaria para contextualizar los aprendizajes.
Finalmente, un diccionario bilingüe es una invitación a quienes no son bilingües a ingresar en la lengua del otro, convirtiéndose así en un instrumento que favorece la comprensión intercultural y el respeto por las formas de ver, de conocer y de operar de las distintas comunidades que conforman nuestras sociedades. De ahí, pues, la conveniencia y utilidad de este Diccionario Quichua-Castellano / Castellano-Quichua que tiende diversos puentes lingüísticos y culturales para unir individuos y comunidades en los espacios regionales andinos.

 

 

 

Juan Carlos Godenzzi (*)

Montreal, junio de 2016

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(*) Juan C. Godenzzi es profesor en el Departamento de Literatura y Lenguas del Mundo de la Universidad de Montreal. Hizo su Licenciatura en Lingüística y Literatura en la Universidad Católica del Perú; y el Doctorado, en la Universidad de Paris IV – Sorbona. Fue Director del Programa de Educación Intercultural Bilingüe en el Ministerio de Educación del Perú. Ha hecho numerosas publicaciones sobre la variación lingüística del español, sobre la cultura y sociedad andina, así como sobre el español en contacto con el quechua y el aimara. Actualmente, investiga sobre el español hablado por los migrantes andinos en ámbitos urbanos. Ha impartido cursos u ofrecido charlas o ponencias en universidades de Estados Unidos, Canadá, Alemania, Suiza, España, República Checa, México, Perú y Bolivia. Sus contribuciones han aparecido en obras colectivas como Encyclopedia of Language and Education (New York, 2008), Brill Studies in Language Contact and Dynamics of Language (Leiden y Boston, 2014), o The Routledge Handbook of Hispanic Applied Linguistics (New York y Londres, 2015); y en revistas como Lexis, Signo y Seña, Revista Internacional de Lingüística Iberoamericana o Annual Review of Applied Linguistics. Entre sus principales libros figuran: El Quechua en debate: ideología, normalización y enseñanza; Tradición oral andina y amazónica: métodos de análisis e interpretación de textos; Educación e interculturalidad en los Andes y la Amazonía; En la redes del lenguaje: cognición, discurso y sociedad en los Andes.