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Lelia Inés Albarracín y Jorge R.Alderetes  (2005). La Lectura en Lengua Aborigen: El caso del Quechua Santiagueño. En:  Primer Congreso de Lecturas Múltiples, Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de Entre Ríos, Paraná, 3 al 5 de noviembre de 2005.


La Lectura en Lengua Aborigen:
El caso del Quechua Santiagueño



Lelia Inés Albarracín de Alderetes
Jorge Ricardo Alderetes

Asociación Investigadores en Lengua Quechua
adilq@hotmail.com


INTRODUCCIÓN

No se puede negar la necesidad de lograr que se conserven lenguas que están en proceso de extinción. Muchos creen que el medio más adecuado no es la escritura de la lengua sino los registros grabados en muchos de los soportes que la tecnología moderna ofrece. Otros sostienen que la escritura no ha salvado ninguna lengua y que la única garantía de supervivencia es que sus hablantes la usen, es decir, la hablen. Frente al hecho cierto de una exigua producción literaria escrita en lengua aborigen y a la inaccesibilidad de las nuevas tecnologías para los sectores más desposeídos, aún a riesgo de ser considerados utópicos, estamos convencidos de que el ejercicio de la lectura y de la escritura constituye una herramienta válida para fortalecer el proceso de transmisión intergeneracional, que se efectúa en forma exclusivamente oral y predominantemente en el ámbito familiar.
Es por ello que defendemos la importancia de alfabetizar en lengua materna a los hablantes de las lenguas minoritarias, para que valiosos testimonios puedan ser atesorados y para extender los espacios de uso de las mismas. Es la comunidad misma la que decide el destino de su propia lengua, pero cuando se advierte que el número de hablantes va disminuyendo, no faltan quienes tienen una visión fatalista sobre el destino final de la lengua achacando cierta indolencia a los miembros de dicha comunidad. Lo que quizás no se comprende, es que la mayoría de los hablantes ni siquiera sospechan que su lengua podría encontrarse bajo riesgo de extinción. Los quichuistas del Salado nada saben de estadísticas, de vitalidad o muerte de lenguas, de sustitución o desplazamiento lingüístico, mientras su kichwa se va mezclando cada vez más con la kastilla.

TEXTOS EN LENGUA QUECHUA

Nos hemos dedicado al estudio y análisis de la lengua quechua y en especial de la variedad dialectal hablada en la provincia de Santiago del Estero conocida como “la quichua” o “quichua santiagueño”.
A pesar de la gran cantidad de hablantes que existen en esa provincia no hay programas destinados a la enseñanza de esta lengua minoritaria en la escuela. La idea de que la lengua sólo puede ser hablada pero no escrita está muy enraizada en los hablantes. De ahí surge la conocida expresión “la quichua no se escribe, se habla”.
Además la profunda situación de empobrecimiento que sufren los grupos marginados en Santiago del Estero, hace que la educación y la cultura sean ajenas a las preocupaciones cotidianas.
Aunque existen muchos quichuistas que saben leer y escribir, una ínfima cantidad ha accedido a la lectura de textos escritos en quechua. No existe la necesidad de crear una escritura para la comunicación endógena de un grupo sino que las escasas experiencias en torno a la lecto-escritura en lengua vernácula,  realizadas por personas sin capacidad pedagógica suficiente, buscaban una rápida transición hacia la lengua dominante y en consecuencia, hacia la aculturación.
En general  los textos que circulan, que no son numerosos, han sido escritos con una visión hispanizante de la lengua y para su análisis se aplicaba la gramática de la lengua latina.  Hay que tener en cuenta que el primer objetivo para escribir una lengua ágrafa en América fue el endoctrinamiento de los grupos indígenas, por parte de los evangelizadores.  
En Argentina, no ocurre como en Perú o en Bolivia, por ejemplo, que se ha buscado la unificación escrituraria de la lengua. En parte esto se debe al no reconocimiento de la existencia de más de una variedad dialectal en todo el territorio argentino (Alderetes-Albarracín 2004: 83-84), pero además, por la falta de interés de las autoridades oficiales en la enseñanza de la lengua.
Ingrid Jung y Luis Enrique López (1987: 492) cuando hacen referencia al alfabeto panquechua creado en 1983, comentan lo siguiente: “De los alfabetos quechuas utilizados hasta el momento, éste es el que más se acerca al principio fonético por su afán de representar sólo aquellos sonidos que son distintivos en la lengua. De esta manera constituye el procedimiento más fiel para representar al sistema quechua mismo lo que de por sí implica una postura política frente al quechua por cuanto rechaza su subordinación al sistema de otra lengua (en este caso el castellano) y enfatiza su autonomía al ir contra la jerarquización lingüística que hasta entonces regía no sólo su uso oral sino también su escritura”.
La enseñanza de la lectura-escritura en lengua vernácula no sólo significa lograr la capacidad de leer textos que la cultura dominante elabora sino también es importante lograr la producción de mensajes que cuestionen la situación de dominación en lo cultural sobre todo y que colabore en el autodesarrollo del propio grupo.
Para nosotros, hablantes de una lengua mayoritaria y dominante, es cotidiano el hecho de abrir un libro y encontrar palabras que reflejen nuestra lengua y nuestra cultura, sin embargo para quienes hablan una lengua ágrafa oír la lectura de un texto en esa lengua discriminada es un hecho casi mágico.
Esto que describimos no es una situación exclusiva de nuestras zonas rurales. En una publicación de la UNESCO en donde se relatan tres experiencias en áreas rurales andinas de Perú el autor hace el siguiente comentario:
“El proyecto especialmente el CEDEP (Centro Andino de Educación y Promoción) se propuso reforzar el orgullo por la propia cultura. Para ello se procura de que el indígena se piense como protagonista de una sociedad que ha logrado grandes conquistas, como hablante de una lengua valiosa y sofisticada.
En este sentido se ha logrado un paso muy importante: las señoras han aceptado alfabetizarse en quechua. No sólo porque se las ha convencido de que para aprender castellano es primero conveniente dominar la lectoescritura en quechua, sino también porque se ha reivindicado el valor de su lengua materna ante sus propios ojos. La constatación de que el quechua puede escribirse es reveladora, llena de orgullo a las señoras. A partir de ahí muchas dicen que quieren hablar bien el quechua, lo quieren hablar puro no mezclado”
(Portocarrero Maisch 1995 : 60).

Agregamos aquí el comentario de Doña Magalina Juárez, de 73 años. Ella es hablante de la lengua quechua y vive en San Ramón a 3 km al sur de Fernández en la provincia de Santiago del Estero. Cuando le hacíamos saber que nos dedicábamos a investigar y enseñar esa lengua, nos decía: “pero ancha difisil deben kayta chayta eskribinayqa porke qaay, qoy eso ¿cómo se escribe? Por ejemplo ¿el qoy,  cómo se escribe con qué letra?¿Con la k?”.
De una manera muy intuitiva doña Magalina podía reconocer en su lengua la existencia de un sonido postvelar que no existe en español, el fonema /q/ y en consecuencia planteaba la dificultad de su trascripción al código escrito.
Hay que aclarar que la situación de diglosia que vive el quechua -lengua dominada- con el castellano, ha llevado a que la escritura sea una herramienta exclusiva de la lengua dominante, por lo tanto concebir a la lengua vernácula como escrita es un ‘desafío’ que muy pocos hablantes se proponen.
Tomando de nuevo las palabras de Jung y López (1987: 494): “No sólo interesa que los nuevos lectores puedan decodificar información escrita en vernácula sino, principalmente que puedan transmitir sus propias ideas y generar sus propios textos” .
Hay otra situación a tener en cuenta y nos referimos a la necesidad de que los hablantes de la lengua mayoritaria aprendan también las lenguas vernáculas. No tan sólo quienes las hablan tienen la obligación de conservarlas, enseñarlas y transmitirlas sino también, quienes somos conscientes de que todas las lenguas forman parte del patrimonio cultural de la humanidad y que muchas de ellas están en peligro cierto de extinción, tenemos la obligación de trabajar para su recuperación. A propósito dice Moreno Cabrera: “ Además de esta actitud que hemos de adoptar los lingüistas ante la diversidad de lenguas, debemos demostrar que nos importa el estudio de todas las lenguas, pues todas las lenguas son de la misma especie, pero debemos demostrarlo de modo más inmediato respecto de las lenguas que van con seguridad a desaparecer en pocos años; otra actitud conllevará indefectiblemente un desprecio que no puede radicar en otro sitio que no sea la discriminación lingüística contra la que estamos obligados a luchar ética y científicamente” (230)
Desde la Universidad Nacional de Tucumán, además de los cursos de lingüística quechua, procuramos estimular la producción de material en quechua para la lectura. Antes de fin de año se publicará una antología de textos en quichua santiagueño y a mediados del próximo año, una selección de cuentos. Todo este material es producto de la creación literaria de hablantes nativos de la lengua y su publicación se realizará, por supuesto, sin ningún tipo de apoyo oficial.

CONCLUSIONES

Como conclusión, me limitaré a reproducir unas palabras de Don Mario Tebes, quichuahablante oriundo del Departamento Figueroa (Tebes y Karlovich, 2005): “ ... nuestro especial e íntimo deseo es que los hablantes quichuas alfabetizados, todos conocedores de los cuentos, coplas y chacareras (...), se acostumbren a leer textos en su propio idioma. Que retornen por el camino de la lectura a los rastros de su pasado, narrado y expresado por sus propios paisanos, refrescando y enriqueciendo así también el uso de su lengua materna”.
 

REFERENCIAS

ALDERETES Jorge  y ALBARRACÍN Lelia  (2004) El quechua en Argentina: el caso de Santiago del Estero. En International Journal of the Sociology of Language, 167  (Special Issue: “Quechua Sociolinguistics”), 83-93. Berlin: De Gruyter.

JUNG Ingrid y LOPEZ Luis Enrique  (1987).  Las dimensiones políticas de una escritura: el caso del quechua en el Perú. En: Allpanchis, Nº29/30, pp.483-510.  Cusco: Instituto de Pastoral Andina.

MORENO CABRERA Juan Carlos (2000). La dignidad e igualdad de las lenguas. Crítica de la discriminación lingüística.  Madrid:  Alianza Editorial.

PORTOCARRERO MAISCH Gonzalo (1995).  Vamos creciendo juntas.  Alfabetización de la mujer campesina indígena en Perú.. Santiago de Chjile: UNESCO.

TEBES Mario y KARLOVICH Atila (2005).  Sisa Pallana.  Buenos Aires: EUDEBA (en prensa).