¿La modernización es monolingüe?

Juan Carlos Godenzzi
Centro Bartolomé de las Casas (1996)

 

Embarcados en un proyecto de modernización, y actuando de algún modo en la aldea global, ¿tiene sentido interesarse y hacerse preguntas sobre las lenguas indígenas andinas y amazónicas? Prestigiosos intelectuales y gente "decente" consideran que es inútil ocuparse de lenguas asociadas con el atraso y la miseria de sus hablantes, y plantean que es recomendable su desvanecimiento. De una manera muy clara lo expresó Mario Vargas Llosa: "la modernización es sólo posible con el sacrificio de las culturas indias" (Harper's Magazine, diciembre, 1990: 53). De hecho, por parte del estado y la sociedad en general hay una notable indiferencia respecto a las lenguas indígenas. No existe en el país una política lingüística que eleve, de un modo efectivo, el estatus de las lenguas indígenas y promueva su desarrollo. No hemos logrado derribar barreras étnicas y culturales, y la discriminación se hace sentir en cuantiosas ocasiones de la vida cotidiana.

Consideramos, sin embargo, que vale la pena poner sobre el tapete la cuestión de la diversidad lingüística y cultural. De ese debate surgirán preguntas claves que tocan el corazón mismo de la convivencia democrática. Prestemos atención, en particular, al caso del quechua y sus hablantes.

El quechua es la lengua amerindia que cuenta con el mayor número de hablantes en el continente. Su número de calcula entre siete y diez millones. Y su espacio, si bien no continuo, es de gran extensión: algunas zonas de Colombia, gran parte de Ecuador, la sierra central y sur peruana, una buena parte de Bolivia, algunos puntos del norte argentino. Presenta dos grandes variedades, la de la sierra central peruana (Quechua I) y las otras variantes, al norte y al sur (Quechua II).

En tiempos prehispánicos, el quechua llega a ser la lengua del poder y alcanza amplia difusión en el territorio del Tahuantinsuyo. Luego, durante la colonia, mantiene su vigencia de uso, si bien jerárquicamente subordinado al castellano. En la actualidad, es la expresión hablada de una población empobrecida, mayormente campesina. De ahí que goce de poco prestigio y que aun muchos de sus propios hablantes prefieran dejar de hablarla. Existen, sin embargo, otros factores que pueden favorecer la supervivencia del quechua: mayor uso de la lengua en la radio, en la educación bilingüe, en publicaciones, en los barrios marginales de las ciudades. Aparecen también grupos de dirigentes bilingües que no reniegan de su lengua. En el nivel de la política lingüística, hay una mayor apertura para programas de educación intercultural bilingüe en ámbitos andinos y amazónicos.

Además de ser medios para la comunicación y el ejercicio del poder, las lenguas también son instrumentos para el conocimiento del mundo. Los signos de la lengua proponen una visión y división del entorno y de los comportamientos sociales. En el caso del quechua, encontramos términos léxicos especialmente reveladores de cierta concepción del mundo: yanantin 'con su complemento' alude a una unidad conformada por elementos complementarios. Cuando esa unidad se quiebra, quedando el elemento fuera de lugar, se habla de ch'ulla 'estar solo habiendo sido antes parte de una unidad'. Esa experiencia de soledad puede darse a nivel de las cosas, de la relación amorosa o del sentirse arrojado en un mundo que resulta extraño. Así lo expresan muchas canciones que resuenan en quechua en nuestras serranías.

El término awqa 'enemigo' refiere a dos entidades que se rechazan y separan; en cambio tinku 'encuentro' significa la convergencia de entidades que antes estaban separadas. Kuti 'vuelta' refiere la inversión de las entidades: lo que antes estaba arriba, está ahora abajo; se da una profunda transformación. De ahí que el término Pachakuti signifique un gran cambio en el tiempo y el espacio, el inicio de una nueva etapa. Otros términos hacen referencia al concepto de reciprocidad, con diversos matices: ayni, minka, mita. También existen sufijos que señalan las relaciones de reciprocidad; así, si a la raíz verbal rima- 'hablar' se le añade el sufijo naku- obtenemos el significado de 'hablar uno a otro, de igual a igual'. Todos conocemos la manipulación política que se hizo, hace algunos años, de la palabra rimanakuy para indicar el diálogo "entre presidentes" (el de la república con los de las comunidades campesinas); claro que uno de ellos era más presidente que todos los demás.

El don y la reciprocidad presiden la dinámica de la animación del mundo. Si indagamos por el significado de términos referidos a la agricultura como samay 'descanso, recuperación de fuerzas', chakmay 'barbecho', kallpay 'transmisión de fuerza', se dibuja un proceso: los seres humanos dan descanso al suelo para que éste recupere sus fuerzas, por medio de la rotación de cultivos y el barbecho. El sur humano (runa), así mismo, hace una ofrenda a las divinidades (Pukara, Waka, Apu, Pachamama), quienes corresponden dando protección y salud a los seres humanos y fertilidad (kallpa) al suelo. Por su parte, el suelo ofrece los productos alimenticios al ser humano. En otras palabras, cada elemento interactúa con otro, permitiendo la transmisión de la fuerza vital para que todos y cada uno de los elementos cumpla plenamente sus funciones.

A este entendimiento del mundo propuesto por el quechua hay que adicionarle los repertorios léxicos que dan cuenta de la gran diversidad de tipos de suelos, de tipos de papas, de técnicas de riego, conservación del medio ambiente, etc. ¿Qué hacer frente a modos diferentes hablar, de pensar y actuar? ¿acaso esos modos no resultan más adecuados y pertinentes? ¿cómo entablar un fluido y rico diálogo intercultural para la construcción del conocimiento y de los entendimientos sociales?

La diversidad no es obstáculo. La existencia de múltiples lenguas y culturas en nuestro país no es un problema. Es, más bien, una realidad que atormenta porque cuestiona nuestra organización social, nuestros prejuicios, nuestra manera de entender la ciudadanía, nuestro sistema educativo. Por ello, las culturas y lenguas que sentimos diferentes constituyen semillas de propuestas alternativas, recursos con ventajas comparativas. Podemos llegar a ser equitativos sin tener que ser uniformes.