Presentación de La Quichua 3

por Rodolfo Cerrón-Palomino

Cuando hace algún tiempo nos pidió Lelia Inés Albarracín de Alderetes  que escribiéramos unos párrafos de presentación a la tercera entrega de una serie de textos descriptivo-pedagógicos que viene preparando acerca del quechua santiagueño desde 2009, en que sale a luz el primer volumen, no vacilamos un instante en aceptar tan honroso encargo. Y es que el libro que ahora nos place presentar constituye la culminación de una dedicación persistente y de un esfuerzo permanente por poner en nuestras manos un valioso instrumento que permita desarrollar los hábitos de lecto-escritura de los hablantes de la variedad de una lengua que en el país sobrevive milagrosamente gracias a la lealtad idiomática puesta a toda prueba por sus usuarios en medio de un contexto de total indiferencia, cuando no de abierta hostilidad, de parte de los miembros de la sociedad nacional argentina castellano-hablante. 

En efecto, si bien el libro inicialmente responde y atiende de manera directa a las necesidades surgidas en los cursos de Lingüística Quechua en la Diplomatura y en la Tecnicatura Superior en Educación Intercultural Bilingüe que la autora tiene a su cargo en la universidad nacional santiagueña, lo que explica su estructuración en lecciones ordenadas y ejercicios guiados, los especialistas en lingüística quechua debemos celebrar el esfuerzo desplegado por la autora en la descripción detallada y exhaustiva de la variedad quechua local, hasta hace poco pobremente conocida y presentada dentro de esquemas propios de la gramática tradicional normativa. En tal sentido, no estará de más enfatizar el hecho de que la orientación básicamente pedagógica de la obra no ha sido excusa para que su autora le quite el rigor exigido por la disciplina a la hora de presentar y discutir las estructuras básicas de la lengua que, además de atender a la gramática y el léxico, se detiene también en describir los niveles textuales y pragmáticos de la misma, asunto habitualmente dejado de lado incluso en los tratados de gramática referencial modernos. Asunto a  destacar en este punto es también el hecho de que el libro que presentamos, juntamente con los dos anteriores, forman un todo integral y solidario,  de manera que su empleo, tal como le van indicando al lector las referencias cruzadas y los envíos respectivos, requiere la consulta unitaria de toda la serie.
Pero el presente libro, como los volúmenes que le precedieron, no se detiene solo en la descripción y el análisis de las estructuras gramaticales y textuales de la lengua. Aspectos inevitables a tratar, más allá de las cuestiones inmanentes que atraen al lingüista “puro”, eran también los relacionados con el entorno socio-cultural y los factores ideo-lingüísticos que guían y enmarcan el uso idiomático por parte de los hablantes. De esta manera, la autora, por un lado, describe y denuncia la situación de opresión idiomática por la que atraviesa la lengua nativa en el contexto glotofágico de la sociedad argentina en su conjunto, cuya política de castellanización, desplegada a fines del siglo XIX y comienzos del XX tuvo “éxito” al borrar definitivamente el quechua de todo el noroeste argentino, dejando como una verdadera isla únicamente a la variedad santiagueña de la lengua. En medio de dicho proceso de suplantación idiomático-cultural, la suerte del santiagueño constituye un verdadero foco de resistencia ante los mecanismos de asimilación forzada ejercidos y promovidos por los agentes de la sociedad nacional. Todo el esfuerzo desplegado por la autora está orientado a contrarrestar dicha tendencia, agravada por las necesidades económicas primarias de los hablantes de la lengua y sus tentaciones migratorias a las urbes dequechuizadoras, tratando de poner en valor el idioma y la cultura nativos, instrumentándolos no solo en el ámbito académico sino también en el jurídico. La suya es, en verdad, una obra titánica (quimérica, dirían los no-comprometidos) digna de admiración.

De otro lado, tampoco descuida la autora el estudio del contacto idiomático entre la variedad descrita y la lengua oficial, aspecto de suma importancia dada la naturaleza del quichua santiagueño, cuya génesis y posterior configuración no son ciertamente ajenas a su entronque pluridialectal originario y a su naturaleza de idioma adquirido por hablantes de procedencia idiomática igualmente variada. Tampoco dicha partida de nacimiento fue ajena al influjo del castellano, lengua dominante que, al igual que en toda el área andina, pero con más intensidad en el noroeste argentino, una vez rotos los lazos lingüísticos y sociales con los hablantes de quechua del antiguo Perú, fue ahormando el quechua santiagueño, imprimiéndole su sello particular no solo en el léxico, que no debiera extrañar, pero sobre todo en sus estructuras gramatical y semántica. Pero, a su turno, el castellano regional, específicamente el santiagueño, tampoco permaneció impermeable a la influencia quichua, afectándolo en todos sus niveles de organización gramatical, algo que, como la autora denuncia, es pasado por alto por quienes siguen abogando por una norma monocéntricamente discriminadora y anacrónicamente normativa. En este aspecto, el libro de Lelia Albarracín describe, con ejemplos contundentes, y libres de toda apreciación acientífica, lo que podríamos llamar el resultado de los procesos de criollización tanto del quichua como del castellano regional santiagueño.  

Otra faceta digna de destacar es el corpus idiomático empleado por la autora en la descripción de la variedad codificada. Contrariamente a la práctica nociva ejercida por los lingüistas formalistas, ahora felizmente en saludable retirada, y que por mucho tiempo usaron y abusaron de ejemplos artificiales y manidos en la formulación de sus hipótesis de trabajo, el material lingüístico sobre el que reposa toda la obra, a lo largo de los capítulos presentados, proviene de la producción directa, oral y escrita, de los hablantes de la lengua, en su multiplicidad de manifestaciones de registro y de género, y todo debidamente documentado y referenciado.  De esta manera se describe y analiza la lengua natural y no un artificio metodológico. El apego a las fuentes es tal que no se escatima en presentar los ejemplos tales como aparecen sin el menor intento por “normalizarlos”, algo que, en otros contextos, ajenos al carácter insular del idioma, habría sido algo cuestionable, o cuando menos debatible. En todo caso, había que presentar la lengua tal como es usada, libre de ataduras normativistas, pero sin descuidar de hacer referencias, siempre y cuando fuera necesario, a la situación ofrecida por los dialectos quechuas de la gran familia lingüística. A diferencia de otros tratados gramaticales de su género, el de Lelia Albarracín no se queda en la descripción autónoma del dialecto estudiado, pues muchos de los fenómenos estudiados se ventilan a la luz de la gramática general del quechua.

Tras ponderar los méritos de la obra en su conjunto, solo nos resta llamar la atención, sumándonos a la autora, sobre el carácter simbólico de su aparición, precisamente cuando se celebra el bicentenario de la proclamación de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Ahora resulta paradójico, pero no lo era así en 1816, enterarse que el acta de independencia argentina haya aparecido originariamente vertida en tres lenguas indígenas: quechua, aimara y guaraní, algo que no ocurrió en las metrópolis de estas lenguas. Y es que, como sabemos, los próceres de la futura nación argentina no se habían formado en la costa atlántica sino en el territorio del antiguo virreinato bonaerense, que tenía en Chuquisaca,  verdadero crucero idiomático, su mejor centro de formación universitaria. En tal sentido, que el antiguo sol de los incas, que todavía flamea en la bandera argentina, sirva para recordar la importancia que tuvo el quechua, y por consiguiente su variante santiagueña, en el proceso de formación de la conciencia nacional del país de Belgrano y Rivadavia.

 

 

Rodolfo Cerrón-Palomino (*)

Lima, febrero de 2016

 

 

 

 

 

 

 

 

(*) Rodolfo Cerrón Palomino es doctor en Letras y Ciencias Humanas por la Universidad Mayor de San Marcos, Doctor en Lingüística por la Universidad Mayor de San Marcos (Lima), Magister en Lingüística por la Universidad de Cornell y PhD en Lingüística por la Universidad de Illinois (EE.UU.). Profesor emérito de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y desde 1998 es profesor titular en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Además de su obra publicada en numerosos libros y artículos, su labor docente es también digna del más alto reconocimiento. Rodolfo Cerrón Palomino ha sido maestro de varias generaciones de lingüistas y educadores en distintas universidades peruanas, de entre las cuales la Universidad Nacional de San Marcos (donde fue profesor entre 1969 y 1991), la Pontificia Universidad Católica del Perú (donde es profesor principal desde 1998) y el Programa de Maestría en Lingüística Andina y Educación de la Universidad Nacional del Altiplano, ubicada en Puno (donde es profesor visitante desde 1985) son solo algunos ejemplos. Ha sido profesor visitante en distintas universidades y ha obtenido varias becas y distinciones de nivel internacional, entre ellas la beca de la Fundación Guggenheim en 1982 y la beca de The Netherlands Organization for Scientific Reseach en 1992. Es miembro de la Academia Peruana de la Historia, de la Asociación Lingüística y Filológica de América Latina, de la Academia Peruana de la Lengua Española y miembro honorario de la Linguistic Society of America. Entre sus últimas publicaciones se destacan: “Las lenguas de los incas: el puquina, el aimara y el quechua” y  “Tras las huellas del Inca Garcilaso: el lenguaje como hermenéutica en la comprensión del pasado” ambas del 2013.