Nota publicada el 12/10/2003 en el NUEVO DIARIO de Santiago del Estero

 
PARA  QUE  PARE LA TORMENTA
Una oración quichua
entre la ortodoxia católica y el paganismo

Por Atila Karlovich*


Es muy poco lo que sabemos de las antigüedades de la cultura popular santiagueña, sencillamente porque antes del surgimiento del interés por lo folklórico durante el siglo pasado esas cosas no interesaban al mundo culto y muy poco quedó registrado. La falta de información entonces invita a interpretaciones prejuiciosas. Una de ellas es la que supone que la catequización de los indígenas fuera un éxito rotundo y que de las religiones prehispánicas no quedaron más que inofensivas leyendas que si bien no son compatibles con el dogma católico,  merecen indulgencia porque no son más que inofensivos emergentes de la ignorancia popular. Sin embargo, una lectura crítica de los pocos indicios y testimonios que tenemos podría llegar a demostrar que las creencias precristianas tuvieron una vigencia mucho más virulenta en los siglos que van de Diego de Rojas a esta parte de lo que generalmente se supone. Sólo hay que acordarse de la actitud militantemente anticristiana -que no para ante la blasfemia indisimulada- en los vastos círculos rurales que adhirieron secularmente a la salamanca.
  Un testimonio de primer orden que tenemos sobre esta cultura popular, es la poesía religiosa que Domingo A. Bravo incluye en su Cancionero Quichua Santiagueño. Lo menos que se puede decir de estos textos - de todos ellos y de cada uno - es que son desconcertantes, si se los lee con seriedad. Se trata de un total de 11 textos poéticos de muy disímil carácter, factura y estado de conservación (7 bajo Oraciones Rimadas , 3 bajo Canciones (N° 99, 411 y 422) y una en el relato N° 58 del Estado Actual del Quichua Santiagueño), de los cuales sin embargo 7 son variaciones de una misma oración. Este rezo evidentemente muy difundido, que servía a los quichuistas hasta no hace tanto tiempo para conjurar tormentas, ciclones y granizo, es el que nos interesa en esta nota.
 El texto nuclear es el que reproduce la Canción N° 422:

Virgen de la bella mamay, / santisimi Diuspa maman, / pampa atun chaupillapi, / huaira sinchi taripaara, / sutiyquita sockariptiy / chayllapimi sayarera.
(Virgen de la bella madre mía, / madre del santísimo Dios, / en el medio nomás de un campo grande / un viento fuerte me alcanzó, / y cuando levanté tu nombre / ahí nomás paró).

A primera vista no parece muy raro. Es un rezo a la virgen (¿María?) para que cese la tormenta. Pero si bien se puede leer el primer verso como una invocación, no hay ningún ruego, sino algo así como un relato donde las palabras evocan y conjuran una situación que pertenece al orden mítico. El hecho de nombrar lo que sucedió en el pasado mítico con las palabras correctas, de levantar el nombre de la virgen y la identificación del oficiante rezador con el personaje mítico  (primera persona) produciría el efecto deseado en la situación real y concreta, es decir el cese de la tormenta. Convengamos, por ahora, que esta no es la forma habitual de una oración católica. Para entender mejor la mecánica de este conjuro, echemos un vistazo al relato que Bravo anotó en El Estado Actual. Las informantes son dos mujeres del departamento de Atamishqui que le cuentan a Bravo que en su niñez (es decir allá por la década del 20) el finado Pedro Santillán les contaba lo siguiente: Cuando se embravezca la tormenta, hijitos, así han de cantar, porque hace mucho tiempo un alma había cantado en una isla cuando ellos anduvieron juntando algarroba. Había venido un viento huracanado con agua y piedra. El que había estado parado, afirmado en un algarrobo, oyó que el alma había cantado diciendo: (sigue una versión más arcaica de la oración)  Cuando cantó diciendo así, hijitos, ahí nomás había parado - así nos solía contar el finado Pedro Santillán. Por eso nosotros solemos cantar ahora cuando venga ciclón de viento… Nosotros solemos cantar así y entonces suele calmar; por eso creemos que eso es verdad.
Evidentemente Santillán era de los viejos que saben, un tata, como dicen con respeto en el campo, un sabio campesino, un eslabón en la cadena de la tradición oral que transmite una fórmula y la explicación mítica de su origen. Y las informantes ratifican la creencia insistiendo en su eficacia. Queda claro que la fórmula a recitar no es una oración en el sentido cristiano, un ruego a Dios o a la intercesión de un santo, sino un ritual mágico, sin que este término tenga la más mínima connotación peyorativa: la Consagración de la misa católica, en términos antropológicos, también lo es.
Pero volvamos a la explicación de Santillán, a la etiología de la fórmula. En primer lugar cuenta que sucedió unaycka (hace mucho tiempo), es decir en el tiempo mítico que está fuera de la historia. Hay tres protagonistas: un alma, es decir un ser sobrenatural, un sujeto plural y anónimo (ellos), un sujeto destacado (chá atendes sayajcka, el que estaba atendiendo… parado) que recibe y transmite el mensaje del alma. El contexto de la anécdota fácilmente puede pasarse por alto, pero es por demás significativo: ellos, es decir la comunidad, estaban juntando algarroba y el que atendía, es decir el destacado, el oficiante, el mediador, estaba afirmado en un algarrobo cuando sucedió la revelación. Sin que nos animemos a interpretaciones aventuradas, se sabe por múltiples testimonios e indicios que la religión prehispánica de los indígenas comarcanos de la zona que comprende Santiago tenía que ver con la tormenta (hasta se conoce el nombre de un dios de la tormenta, Kakanchik) y que en sus rituales el algarrobo era un lugar sagrado y la aloja la bebida sagrada que acompañaba los oficios. La insistencia de Santillán en el tema del taqo por lo tanto no es casual.
Ahora bien, echemos un vistazo sobre otra de las variantes de la oración, sin duda la más rara:
Simi 'rimaj, /Uchaj mana manchaj, / Ñahui ckaaj, / Uchaj mana manchaj. / Nocka cinturitayoj, / Ñuñupas ñeckej, / Simi 'rimaj. /Pampa chaupipimi / Huaira sinchi apiara, / ckampaj sumaj sutiyquita sockariptiy / chayllapi sayacorcka.
Intentemos una traducción:
Boca que habla / Culpa que no teme / Ojo que ve / Culpa que no teme / Yo con cinturita / y seno que golpea / Boca que habla. / En medio del campo / un viento fuerte me tomó / cuando para ti tu lindo nombre levanté, / ahí nomás paró.

El desconcierto ante este texto es profundo. Es que casi suena a poema surrealista. Pero así fue comunicado a Di Lullo quien lo recopiló y tradujo como pudo. Bravo, también desconcertado, tradujo tratando de "normalizar", es decir de adaptar a lo esperable lo revulsivo del texto. Es que con la información que tenemos es imposible interpretar a fondo. Lo que sí podemos decir, es que la virgen ha sido sustituida por una boca que habla y que tiene manifiestas y agresivas connotaciones de deidad femenina. La boca podría ser el alma del relato de Santillán y esa boca al mismo tiempo se identifica con la boca del oficiante que para el conjuro se inviste de cualidades femeninas. El resto se pierde en los agujeros negros que causó el desinterés por la cultura popular de los campesinos santiagueños.   
Sólo para aumentar el desconcierto traemos a colación otro texto, tan "surrealista" como la citada oración, pero de un ámbito muy diferente. Se trata de una rima infantil en la que aparecen en un contexto desacralizado varios de los elementos en cuestión: la isla, el algarrobo, el canto, María, el seno, la cinturita, además del huiñaj que es otro árbol sagrado de la religión prehispánica (Bravo, Cancionero N° 124) :

Yutitu, yutitu, que maypi 'rinqui? / Islapi, islapi, que verde micoj. / Tackopi llockan, cantan, / huiñajpi llockan, silban, / María ñuñun paspasapa, / tiay Lorenza pupun ckellu, / tuajpi vivin, / ckoypa cinturita.

Estos versos Bravo los traduce como sigue:
¿Perdicita, perdicita, a dónde vas? / A la isla, a la isla, a comer verde. / Sube al algarrobo y canta, / sube al huiñaj y silba. / María de senos llenos de paspa, / mi tía Lorenza de ombligo amarillo / vive en el chajá, / cinturita de coy.

Ahora sí, lo dejamos ahí.



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