¿Por qué moriría el quichua en Santiago?

Notas sociolingüísticas 1ª Parte (*)

Héctor A. Andreani
(ADILQ) Asociación de Investigadores en Lengua Quechua
Info@adilq.com

Sin la gestualidad del idioma, las comunidades se fragmentan y desparecen como tales
Eduardo Rosenvaig

Frente a la encrucijada en que se encuentran las lenguas minorizadas en el mundo, “la quichua” no está ajena a innumerables factores que atentan contra su vitalidad, con lo que el universo simbólico de sus hablantes y su cosmogonía se pierde irremediablemente. Elaboraremos una somera lista de razones de sustitución lingüística (o pérdida de la lengua quichua) en beneficio de otra más fortalecida (castellano) en Santiago del Estero:
Ideología sarmientina vigente en el sistema educativo: Aún una noción estrecha y excluyente de “progreso” impera en los terciarios y en miles de docentes que, si bien ya no castigan físicamente a sus alumnos bilingües, internalizan una indiferencia intercultural que raya en el racismo latente (hasta en docentes que tienen buen trato con sus alumnos).
Migraciones obrajeras de carácter masivo: Por ejemplo, en los bajos submeridionales de la provincia, más de 4.000 hombres viajan a Santa Fe a los terrenos de multinacionales para trabajar en el “desflore”. Si bien muchos obrajeros no quieren irse, este tipo de contratos esclavos son el sustento que quiebra el núcleo familiar y el vínculo intergeneracional de la lengua materna.
Chauvinismo en grupos urbanos de difusión: Hay una sensación de localismo exacerbado que dogmatiza determinados postulados en perjuicio de nuevas investigaciones. Es una idea cerrada de “santiagueñidad” que no concibe aperturas y diálogos con otros discursos y otras culturas. Este tipo de actitudes son únicas en esta variante dialectal, puesto que en otros geolectos quechuas del continente los investigadores tienen más libertad para hacer conocer sus trabajos. Además, hay más avances en la participación activa de los investigados sobre el contenido científico del investigador.
Relación investigadores – quichuahablantes: Son escasísimos los quichuistas que se dedican a investigar rigurosamente. El tipo de circulación de las investigaciones hace que no lleguen a la comunidad quichuista rural. El objetivo de este contacto es que comiencen, no a hablar en quichua, sino a hablar sobre su quichua. En este contexto, la función metalingüística de una lengua minorizada (en sus hablantes) es una actitud política.
Transmisión intergeneracional de la lengua: Tal vez la más grave causa de las aquí nombradas, y la consecuencia clave de ellas. Los padres deciden no transmitir la lengua materna a sus hijos, para evitar la marginación y la sensación generalizada de que “el chico va a andar mal en la escuela si habla la quichua”. Más que externas políticas de exterminio de una lengua, el hablante mismo ha asimilado la muerte de sus propias palabras, comunicándose con su hija/o en “la castilla” que conoce, influenciada en curva tonal, morfosintaxis y léxico por el quichua.
Desarticulación de organizaciones rurales de base: Las prácticas de mantenimiento y fortalecimiento de una lengua guardan relación con los grupos que la promueven. En este sentido, las organizaciones campesinas llegan a un momento donde deberían percibir a su quichua como una posesión identitaria que no puede ser usurpada por ningún sector dominante (como sí sucede con sus tierras). Como dice el historiador E. Rosenvaig: “Tal vez el quechua sea el último eslabón en la cadena de vida de estas poblaciones, que los detienen aún en saltar hacia las villas de excluidos en las grandes ciudades”.
Ignorancia etnolingüística en los censos: No existen criterios definidos para la formación de censistas que tengan a cargo entrevistas con pobladores, quienes deciden no informar debidamente a un extraño (sucede en todo el país). Este tipo de situaciones impide saber concretamente cuántos quichuahablantes hay en la provincia, por lo que no se pueden efectuar políticas lingüísticas serias desde el estado. 
Conflicto identitario entre “lo indígena” y “lo quichua”: Merced a nuevos movimientos de fortalecimiento de la identidad indígena en todo el país, han surgido grupos de pobladores que se autorreconocen desde hace pocos años en la provincia. Si bien hay mucha discusión sobre este tipo de construcción identitaria (sea legítima o no), hay un agravante jurídico que perjudicaría a un gran sector “no indígena”, que se autorreconoce campesino y que reclama otros derechos (no tan cotizables). En espacios gubernamentales nacionales, “lo quichua” es asociado con “lo indígena”, por cuanto una gran población rural queda excluida de propuestas estatales de desarrollo. Esto sucede porque las leyes vigentes contemplan el apoyo a las comunidades indígenas, pero ignoran parámetros antropológicos distintos: criollos que hablan lenguas indígenas (guaraní y quichua).
Despolitización de la lengua quichua: Toda visión de la lengua y actitud sobre ella se asienta sobre supuestos ideológicos (consciente o inconscientemente). Históricamente, el quichua está instalado en el imaginario urbano solamente como un componente folclórico, pintoresco, cotizable sólo como discurso de muestra al “otro” que nos visita. Es decir, un producto pensado para el consumo, acorde a la espectacularización de lo autóctono.
Discriminaciones internas en las escuelas: Recibimos muchos informes sobre burlas de chicos “del pueblo” hacia chicos de parajes circundantes. Así como sucede en las ciudades con chicos que no visten a la moda, no son buenos deportistas, etc., el hecho de que todavía se hable quichua en derredor de los pueblos (y chicos pseudo-urbanos posmo), convierte en factor de trauma para los estudiantes “de afuera”, y promueva su vergüenza y ensimismamiento.
Desprestigio de la escritura quichua: El ya consabido prejuicio de que “la quichua se habla, no se escribe” influye en el imaginario literario oral que podría estimularse en los adolescentes, payadores, escritores rurales, etc. Un indicio de muerte de una lengua es la edad de sus escribas y narradores. En el caso del quichua, no hay escritores ni poetas de menos de 50 años.
Todos estos datos intentan ser un aporte a la transmisión del conocimiento sobre una lengua minorizada. Tal algún docente lo lea y decida leerlo a sus estudiantes terciarios. Tal vez alguien se ofenda y decida contestar, con lo cual ya tenemos una discusión sobre tan urgente tema. Es decir, un avance.

(*) Publicado el 25-07-2008 en Nuevo Diario (Santiago del Estero)