Este artículo se reproduce con expresa autorización de su autor.  Fue publicado originalmente en:
I Encuentro de Historia, Cultura y Conocimiento de la Nación Mapuche, Organización de Comunidades Mapuche-Tehuelche 11 de Octubre,10-12  de Octubre de 2006, Esquel.


Lenguas de Patagonia, su estado actual y sus derechos

Antonio Díaz-Fernández
Ministerio de Educación

titakin_utimpa@yahoo.com.ar

1          Introducción

En esta comunicación pretendo hacer una breve síntesis del estado sociolingüístico de las lenguas de los pueblos originarios de Patagonia, principalmente del mapuzungun, como asimismo de la lucha por sus derechos y las actividades oficiales al respecto.

2          Las lenguas originarias durante la  colonia

Cuando los españoles llegaron al continente, a fines del s. XV, se encontraron con una diversidad lingüística muy rica, que incluía unas dos mil lenguas y variedades. Esta realidad se convirtió en una barrera comunicativa para los conquistadores, de modo que gestionaron ante la corona hasta que el rey Carlos III, emitió una cédula real, en mayo de 1770 ordenando que se tomen medidas  “... para que de una vez se llegue a conseguir el que se extingan los diferentes idiomas, de que se usa en los mismos dominios, y solo se hable el Castellano…” (Carlos III 1770). A partir de estas ordenanzas se tomaron medidas en todos los dominios de la corona española para lograr la castellanización de sus habitantes.

A la llegada de los conquistadores hispanos al actual territorio argentino, había alrededor de unos cuarenta pueblos pertenecientes a diferentes familias etno-lingüísticas. El 71,4 % de esas lenguas desparecieron, algunas pudieron ser documentadas antes de extinguirse, mientras que otras no alcanzaron a ser registradas.

3          Lenguas habladas Patagonia

La colonización de Patagonia fue más tardía y concretada por los estados nacionales, herederos de España, por esta razón las etnias gozaron de independencia hasta las últimas décadas del s. XIX, cuando se lanzan las feroces campañas militares en contra de los pueblos originarios.

Según Viegas Barros (2005), en el s. XVI en Patagonia continental e insular se hablaron unas quince lenguas, de las cuales solamente el mapuzungun ha sobrevivido con diferentes grados de vitalidad según las áreas.

Actualmente miembros de algunas de estas etnias se reivindican como pueblos originarios, e.g. los mapuches, los aonik’enk y los selk’nam. En Chubut, los gününa küna no se identifican como tales, sino como chehuelchos o tehuelchos y algunos como mapuches. Descendientes de otras etnias no se han reivindicado, talvez debido al mestizaje que los diluyó entre la población dominante, autóctona o alóctona, como en el caso de los puelches lacustres, los chonos, los mech’arnuwe, los manek’enk, los enoo. Respecto de los pueblos canoeros, sobreviven pequeños grupos de yamana y qawesqar en territorio hoy chileno. La mayoría de estos pueblos no pueden emplear las lenguas étnicas, en algunos casos ya no hay hablantes, es decir son lenguas muertas, mientras que en otros han sido desplazadas de la comunidad por la lengua nacional, aunque haya unos pocos hablantes, como se puede apreciar en el siguiente cuadro:

Familia lingüística

Etnia

Lengua propia

Situación  sociolingüística

Macro-Arawak

Mapuche

Mapuzungun

Vitalidad relativa

Inclasificable

Peweñche ant.

Desconocida

Muerta

Inclasificable

Puelche lacustre

Desconocida

Muerta

Inclasificable

Chono

Chono

Muerta

Inclasificable

Grupo no Chon

Desconocida

Muerta

 

Küne-Chon

Gününa küna

Gününa iájüch

Muerta

Aonik’enk

Aonik’o ’a’yen

Desplazada

Mech’arnuwu

Tewshen

Muerta

Selk’nam

Selk’nam

Muerta

Manekenk

Manekenk

Muerta

Inclasificable

Enoo

Desconocida

Muerta

 

Qawasqar-Yamana

Qawesqar

Qawesqar

Muerta

Alakaluf central

Alakaluf

Muerta

Alakaluf merid.

Alakaluf

Desplazada

Yamana

Yamana

Desplazada

 

4          Los derechos étnicos y lingüísticos

4.1       Siglo XIX y comienzos del XX

La Asamblea General de 1811 declaraba a los pueblos originarios “... hombres perfectamente libres, y en igualdad de derechos a los demás ciudadanos [de las Provincias Unidas]...”. Nada explicita acerca de sus lenguas, pero por lo menos el quechua y el aymara eran valoradas, pues la declaración de la independencia se tradujo inmediatamente a esas lenguas. Pronto esta política comenzaría a cambiar y entre 1820 y 1833 se llevaron a cabo campañas de lucha contra los pueblos originarios, lideradas por Martín Rodríguez, Federico Rauch y Juan Manuel de Rosas. Es curioso e irónico que el mismo Rosas intentara elaborar un diccionario y una gramática de la lengua de sus perseguidos –a la que denomino pampa, que resultó ser un plagio de la obra del jesuita Andrés Febrés publicada en 1777.

Con la llegada de la generación del ’80, el país volvió la mirada hacia Europa, considerada centro de todo progreso y “alta cultura”, mientras que subvaloraba todo lo americano por considerarlo primitivo, bárbaro y enemigo del progreso, en realidad eufemismos –inaceptables por cierto, por no decir que consideraban a las etnias como un estorbo para el expansionismo latifundista y capitalista. A fines del s. XIX comenzó una sangrienta persecución en contra de los pueblos originarios de la Pampa y Patagonia, que se cristalizó en las autodenominadas “campaña del desierto” (1879), “campaña al Nahuel Huapi” (1881) y “campaña a los Andes” (1883). A comienzos del s. XX estas ofensivas se trasladan al Chaco para invadir y despojar a sus habitantes.

Al fin de sus campañas el general Vintter escribe al Jefe del Estado Mayor General del Ejército, en febrero de 1885:
“Me es altamente satisfactorio y cábeme el honor de manifestar al Supremo gobierno y al país por intermedio de V.S. que ha desaparecido para siempre en el sud de la República toda limitación fronteriza con el salvaje. En el sur de la república no existen ya dentro de su territorio fronteras humillantes impuestas a la civilización  por las chuzas del salvaje... Ha concluido para siempre en esta parte, la guerra secular que contra el indio tuvo su principio en las inmediaciones de esa capital el año de 1585” (Departamento de Guerra y Marina 1872-1885,  pág. 57).

Quienes lograron escapar del rémington o de las torturas que les infligieran el ejército al terminar las campañas militares en Patagonia, fueron convertidos en mano de obra  gratis. Los niños fueron entregados como criados a familias acomodadas, las  mujeres  entregadas para la  servidumbre, mientras que  los hombres fueron enviados a  la zafra azucarera en Tucumán. Así numerosas familias fueron desmembradas y sus integrantes desparramados, muy  a pesar de que estos seres  eran estos loshombres  iguales en derechos a los demás ciudadanos como lo declaraba la Asamblea General  del año 1811.

Todas estas campañas, reivindicadas como gestas y actos patrióticos por el estado y el ejército, no fueron sino genocidios y crímenes de lesa humanidad aún impunes. Asimismo no hay que olvidar las matanzas en la puna jujeña en Yavi (1874) y Quera (1875) y las cacerías de selk’nam (onas) en Tierra de Fuego a fines del s. XIX (vide Hernández: 1995).

En Patagonia, continental e insular, predominó el genocidio a gran escala para despoblar las tierras y repoblarlas con ovinos, lo que causó su ulterior desertificación, mientras que en el Chaco las matanzas fueron menores pues sus habitantes eran necesarios como mano de obra para explotar la riqueza de la región por parte de los latifundistas y capitales extranjeros, como la mentada Forestal Quebracho Company, los ingenios azucareros, etc. que explotaron tanto al aborigen como al campesinado de la región.

Como se puede apreciar hasta los comienzos del s. XX los pueblos originarios no tenían ningún derecho legal, ni siquiera a su existencia, mal podemos pensar en derechos lingüísticos.

4.2       Siglo XX

Si bien la legislación en materia de etnias y lenguas autóctonas siempre fue débil y difusa en la Argentina, últimamente se lograron cambios debido a la presión ejercida por los propios pueblos. A partir de la reforma de la Constitución Nacional (art. 75 inc. 17) se explicitó el reconocimiento de la preexistencia de las diferentes etnias. Asimismo otras provincias han incorporado este reconocimiento en sus cartas magnas, e.g. Chaco, Chubut, Formosa, Jujuy, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Salta y Tucumán. Anterior a esta reforma, sólo la ley Nacional 23.302, sancionada el 30 de septiembre de 1985 garantizaba los derechos de los pueblos originarios y en su art. 1º dice “Declárase de interés nacional la atención y apoyo a los aborígenes y comunidades indígenas existentes en el país, y su defensa y desarrollo... respetando sus propios valores y modalidades. A ese fin se implementarán planes”.

Aún en la actualidad a pesar de esas garantías legales la situación de los pueblos originarios es bastante inestable y son víctimas de:

a) Discriminación étnica y lingüística: Recuerdo a la diputada Irma Roy, en la década infame, expresarse de esta manera: “Los aborígenes no tienen cultura, no tienen formación educacional, ¿qué podemos pretender de esas civilizaciones indias, que además hablan diferentes dialectos…”.  Cuatro décadas antes Gorraiz Beloqui escribiendo sobre Esquel comenta “En Esquel hay indios todavía, indios auténticos, no de película ni de carnaval. Pero no hay que asustarse por eso. No atacan estos indios; no son salvajes... Contemplo una india en las calles de Esquel ¡Qué impresión más triste! Es vieja, baja y, feísima; anda desgreñada y harapienta, su lenguaje parece un ronquido, es en fin, una verdadera bruja… (Gorraiz Beloqui 1955: 7)

Estos comentarios se enmarcan perfectamente dentro del pensamiento y filosofía de la generación del ’80. Roy considera a los idiomas indígenas como estorbos de comunicación y progreso. Gorraiz por su parte es más acre en sus valoraciones lingüísticas y somáticas, ve a la vernácula como un lenguaje no humano y a la baja estatura como algo deleznable. Ambos están teñidos de un fuerte etnocentrismo y del pensamiento malinowskiano.

b) Atropellos, enajenación de sus tierras y expulsión de las mismas, e.g.
* En Chubut: los casos de la familia Fermín en Vuelta del Río desalojada por el ex juez Colabelli y Curiñanco-Nahuelquir expulsados del predio Santa Rosa incorporado al latifundio Benetton.

* En Neuquén: el conflicto de Cerro Belvedere entre la comunidad Paichil-Antriao y Manu Ginobili, que pretende despojar a la comunidad de un predio ceremonial. Asimismo las comunidades Painemil y Kaxipaiñ contra Repsol-YPF., la comunidad Lonco Purrán contra la compañía petrolera Pioneer Natural Resources, en las proximidades de Cutral-Có.

* En Río Negro: el conflicto del Lof Casiano contra  Abi Saad.

Como se puede apreciar la atención y apoyo a las comunidades aborígenes que pauta la ley 23.203 si bien no es letra muerta tiene escaso hálito de vida.

4.3       Derecho a usar una lengua

La ley 1420 de Educación Común, sancionada el 8 de julio de 1884, que establecía la enseñanza del idioma nacional en toda la educación sirvió de base al sistema para erradicar las lenguas vernáculas e imponer el idioma oficial. De este modo, muchas comunidades, especialmente en Patagonia, fueron desplazando la lengua autóctona en favor del castellano. En realidad el sistema educativo fue uno de los brazos ejecutores del etnocidio cometido contra las diferentes etnias del territorio.

Numerosos testimonios confirman la represión lingüística experimentada por mapuche-hablantes en su infancia, e.g.:

(1)  “Y despué’ cuando vinieron los primero’ educadores, el maestro y así sucesivamente llegaron toda esta gente blanca, comenzaron a cortar la lengua mapuche. Era para enseñarlo a leer y para enseñarle la palabra castellano y así comenzó. Y nosotro’ jamá’ le’ hablaron lo’ viejo’, este, en castilla, sino que todo en lengua. Y cuando empezamo’  a aprender a leer, ya de catorce, quince año’, ya comenzamo’ a abandonar la lengua mapuche. Y despue’, por último, no le dabamo’ ni...  ni artículo, ni nada  totalmente hasta ahora poco tiempo…”  (Máximo Huala, Costa del Ñorquinco 1998).

(2)  “Acá en la escuela si que no, le prohibían, no teníamo’ que decir, marimari [hola] deciamo’ nosotro’, tüfa akuleiñ chachay [aquí llegamos señor] deciamo’ lo’ maestro’,  entonce’ decían, “no, esos son indio’, animales son, animale’ bruto’ son ustede’; tiene que decir buenos días señor”. (Mercedes Meli, Cushamen Centro 1999).

(3)  “Cuando comencé ir… lo’ poco’ mese’ en el colegio 60… Bueno, llegábamo’ allá, mucho’ hablábamo’ en… en mapuche, yo nomá’ era uno, pa’ no ir má lejo’ y decía yo ¿Kümelkalekaymi? [¿estás bien?] y decía “shhh, venga para acá Miranda, abajo ’l árbol. Le dicho que usteden no deben hablar en paisano” (Demetrio Miranda, Cushamen Centro 1997).

(4) Cuando nosotro’ salimo’ del Boquete, chico y grande, todo, entendíamo’ ma’ en paisano que en castilla, no entendían nada casi, aprendimo’ por la escuela. Bueno la finada mamá. “que está haciendo reunione’ acá, que venga la reunión todo lo’ padre, la’ madre, están hablando en paisano no van aprender  leer ni escribir, ni una cosa, y el diretor ese ma’ malo que la miercale’, y lo obligaba a todo lo’ paisano, acá antes. (Rosario Cayecul, Lago Rosario 1993).

Si bien la ley 23.302 es el primer instrumento legal que habla del respeto de los “… propios valores y modalidades” de los pueblos originarios, en Patagonia el estado no garantizaba ni implementaba acciones en pro del rescate y conservación de las lenguas autóctonas. En Chubut, la ley provincial 3.657, sancionada el 26 de agosto de 1991, establecía en su, que se debían realizar “campañas de alfabetización, de rescate y difusión de las lenguas, especialmente la tehuelche” (Ley 3.657, título III, inc. H). A pesar de estas garantías legales, el rescate de las lenguas de los cazadores patagónicos –aquí llamada tehuelche, nunca se cristalizó; el último hablante del gününa yájüch murió en 1960 mientras que del aonik’o ’a’yen sólo hay dos o tres individuos octogenarios que la recuerdan en la provincia de Santa Cruz. En realidad estas no-acciones del estado se encuadran perfectamente dentro del delito de etnocidio.

4.4       La educación bilingüe intercultural

Si bien el marco legal garantiza la preservación de las lenguas, el derecho a una educación bilingüe no se aborda esta problemática en las áreas con población mapuche. No hay educación bilingüe en el sistema educativo de ninguna provincia patagónica. En

Neuquén tuvo que intervenir la justicia para que esa provincia designara un maestro de mapuzungun en la escuela de la comunidad Aucapán.
En Chubut el artículo 34 de la constitución establece que “La Provincia... promueve medidas adecuadas para preservar y facilitar el desarrollo y la práctica de sus lenguas...”, es interesante notar que el tiempo verbal empleado en el texto es presente de indicativo, indexando la modalidad declarativa y da la idea que la acción verbal ocurre habitualmente aunque se comenzaron a realizar acciones de recuperación lingüística oficialmente once años después. No obstante ello, algunas escuelas intentaron proyectos efímeros de enseñanza del mapuzungun en la década de los 80 y 90.

Entre 1999-2002 se realizaron capacitaciones para docentes del Noroeste de la provincia y de la Meseta a través de proyectos de Atención de Necesidades Educativas en Poblaciones Aborígenes del Plan Social Educativo y Acciones Prioritarias en Educación, pero todo esto quedo inconcluso, no obstante, en una publicación del Ministerio de Educación de la Nación se enumeran acciones llevadas a cabo entre 1993-1999 dentro del marco del Proyecto de Atención de Necesidades Educativas de la Población Aborigen y se mencionan como acciones realizadas “... incorporación de la enseñanza de la lengua mapuche. Edición de material didáctico, departamentos provinciales de Cushamen y Futaleufú...” (Ministerio de Cultura y Educación de la Nación 1999: pp. 92-93). Dichas acciones jamás ocurrieron excepto la capacitación arriba mencionada.

Actualmente hay un incipiente proyecto intercultural bilingüe del Ministerio de Educación, denominado “Ka feypituan ñi mongelen”, en el que participan siete escuelas. pero en que en realidad es enseñanza de la lengua mapuche y no bilingüismo e involucra siete escuelas. El desarrollo del mismo cuenta con dos instancias principales: la capacitación de los docentes y el trabajo en aula de estos con un mapuche-hablante, esto último difiere en cada escuela, pues está sujeto al grado de competencia del individuo, a lo que este juzgue oportuno enseñar, a la destreza del docente y a circunstancias momentáneas.

4.5       La antroponimia vernácula

4.5.1    En las etnias

El estado, con una actitud etnocentrista, no permitía el uso de la antroponimia autóctona, de este modo todo cuando el estado se instaló en las comunidades todos debían tener su nombre y apellido paras ser anotados en el documento de identidad. Nadie fue registrado como Lienkintuy, Kolümañ, Walakan, Antüwala, Natuypang, etc. Algunos aonik’enk fueron re-nominados en forma burlona, e.g. Jálok como Cocinero, Taqëman como Tucumana, K’ocho como Corcho, Ojpulk como Ojo de Pulga, Painaqal como Peine, Chëmjaluwun como Mulato, etc, (vide Casamiquela et al. 1991). En la región chaqueña el estado, a través de sus funcionarios de turno, especialmente durante la dictadura militar, impuso nombres y apellidos a ciudadanos aborígenes, a modo de burla, tales como Merengue Castro, Carlos Gardel, Angel Labruna, Marica, etc. Estos ejemplos, especialmente los últimos casos, son una flagrante muestra de violación de los derechos humanos y del derecho a una identidad.

4.5.2    En la sociedad no indígena

Las oficinas del registro civil aún restringen el uso de una onomástica aborigen, restricción que no rige para el empleo de una antroponimia extranjera, de este modo prolifera una gran cantidad de nombres portugueses, italianos, franceses, ingleses, rusos, etc. que tienen su equivalente en español o que no lo tienen. Obviamente no cuestiono el gusto de los padres sino explicito que la disimetría e inequidad respecto del uso de onomásticos aborígenes es evidente.

En algunas provincias no se permite el uso de los nombre aborígenes mientras que en otras, especialmente en Patagonia, hay pseudos listados de nombres “oficiales” compilados por legos que desconocen las lenguas aborígenes y las pautas de imposición onomásticas. Esta situación obliga a los padres a transitar por un camino de burocracia y arbitrariedades que incluye la exigencia de informar el significado de los nombres, uso de una grafía arbitraria y obligación de combinarlo con otro nombre propio de la sociedad dominante. En 1994 el Registro Civil de San Genaro, provincia de Santa Fe, rechazó el nombre Chalimin por no ser un nombre “autorizado” (Diario La Nación 1994: 16), mientras que en Buenos Aires tuvo que intervenir la justicia en 1996 para autorizar el nombre Amankaya Wiñay, después de ocho meses del nacimiento de una niña, hija de padre aymara (Diario La Nación 1996: 22). Asimismo la justicia de Neuquén autorizó que se respetara la grafía utilizada por grupos mapuches para el nombre Kajfv Rayen (Kallfü Rayen) a pedido de los padres (Diario Río Negro 2004: 34). Una señora en Entre Ríos está iniciando un proceso legal para adicionar una palabra mapuche como segundo nombre a su hija, a quien se lo impidieron, al descubrir que en Formosa hay una persona con ese nombre va a intentar lo que se le impidió hace 21 años.

Estas exigencias tan arbitrarias no rigen para los otros nombres, en esos casos no se requiere conocer el significado, e.g. de Claudio, Catalina, Byan, Kevin o Tiago ¿por qué pues es necesario saber el significado de Katriel, Kewpülikan, Ollanta o Chalimin? Se permite el uso indiscriminado, erróneo y abusivo de h, e.g. Christian, Crhistian, Cristhian, la permuta de k por c, e.g. Karen y Caren, el uso de grafías antiguas del español  como x en reemplazo de j, e.g. Xavier y Ximena. ¿por qué los nombres aborígenes tienen que ser transcriptos caprichosa y arbitrariamente como lo decide el registro civil?

Obviamente estas restricciones son vestigios de un sistema represor y monoculturalista en contradicción con el reconocimiento de un estado que se declara pluriétnico y pluricultural, un sistema que se toma el derecho de controlar, imponer, pensar por el otro, robar identidades, reprimir, suprimir y reivindicar ideas indeseadas por el grueso de la sociedad. Estas pautas onomásticas del registro civil violan los derechos humanos, convenios internacionales, como el 169 de la OIT y cercenan al ciudadano el derecho a una identidad.

5          Conclusiones

Obviamente como se puedo apreciar en estas breves consideraciones, los derechos étnicos y lingüísticos de los pueblos indígenas no siempre han sido respetados, frecuentemente se viola la ley, constitución y convenios internacionales. Asimismo se postergan sus derechos cuando ocurren conflictos con latifundistas, empresas mineras, forestales, papeleras y azucareras, etc.

Respecto de las garantías legales y constitucionales para la práctica y mantenimiento de las lenguas vernáculas, el estado tiene escaso protagonismo y poca inversión de fondos. La mayoría de las acciones llevadas a cabo surgieron por iniciativa de la comunidad docente y étnica. En Patagonia la educación bilingüe e intercultural como tal es algo incipiente y básicamente consiste en enseñanza del mapuzungun como segunda lengua. Es urgente la implementación de una infraestructura que permita la recuperación lingüística, de otro modo las variedades del mapuzungun de Chubut desaparecerán. Asimismo el uso de nombres aborígenes no puede aún ser objeto de impedimento y condicionamiento.

6          Reflexión

La historia oficial sigue su curso y hace apologética de las violaciones a los derechos de las etnias preexistente al estado, protestar frente a ella no soluciona nada, simplemente hay que cambiarla desde el rol que cada uno cumple, hay que deconstruir para reconstruir una historia verdadera. Mientras haya calles, museos, escuelas, pueblos, departamentos provinciales, etc. que lleven los nombres de los genocidas mencionados se seguirá reivindicándolos, por eso es necesario cambiar historia.

Marichi wew.

BIBLIOGRAFÍA

Carlos III
1770    Real Cédula, Aranjuez.

Casamiquela, Rodolfo,  Osvaldo Mondelo, Enrique Perea y Mateo Martinic Beros:
1991    Del Mito a la realidad. Evolución iconográfica del pueblo tehuelche meridional. Viedma, Fundación Ameghino.

Departamento de Guerra y Marina
1872-1885      Memorias Anuales, Departamento de Guerra y Marina, Buenos Aires.

Diario La Nación:
1994    “No autorizan un nombre aborigen”. Viernes 27 de mayo, pág. 16. Buenos Aires,  La Nación.

1996    “Amankaya Wiñay dejó de ser indocumentada”. Información General, Jueves 21 de noviembre, pag. 22 Buenos Aires,  La Nación.

Diario Río Negro:
2004    “Permiten que se escriba nombre con grafía mapuche”. Vida Cotidiana, Domingo 4 de abril, pág. 34. Roca, Río Negro.

Díaz-Fernández, Antonio:
2006    “Un proyecto de interculturalidad y bilingüismo en Chubut”. Ponencia leída en II Jornadas de Didáctica de la Lengua y la Literatura, 22 al 24 agosto de 2006, ISDF 809, Esquel, Chubut.

Hernández, Isabel.:
1995    Los indios de Argentina. Colección Pueblos y Lenguas Indígenas nº 4. Quito, Ediciones Abya Yala.

Honorable Congreso de la Nación
1985    Ley 23.302. Buenos Aiures.

1994    Constitución de la Nación Argentina. Buenos Aires.

Honorable Legislatura del Chubut
1991    Ley 3.657 Rawson.

1994    Constitución de la Provincia del Chubut. Rawson.

Indymedia:
www.argentina.indymedia.org/features/pueblos

Ministerio de Cultura y Educación de la Nación:
1999    Proyectos compensatorios de Educación de la República Argentina 1993-1999. Buenos Aires.         

Gorraiz Beloqui, R.
1955    “Excursión por los pueblos y por las márgenes del Futaleufú” en Argentina Austral nº 289, págs. 6-9,  Sociedad Anónima Importadora y Exportadora  de la  Patagonia, Buenos Aires.

Viegas Barros, José Pedro:
2005    Voces en el viento. Raíces lingüísticas de la Patagonia. Colección El Suri, Mondragón ediciones, Buenos Aires.