Este artículo se reproduce con expresa autorización de su autor.  Fue publicado originalmente en:
REVISTA ANDINA AÑO 16, Nº1 Julio 1998, pp.187-201


CONTACTO LINGÜÍSTICO Y TIPOLOGÍA:
MODIFICACIONES TIPOLÓGICAS
EN LA SINTAXIS DEL
QUECHUA
SANTIAGUEÑO


GERMAN DE GRANDA
Universidad de Valladolid


    El último decenio 1  ha representado, en el campo general de la teorización lingüística, la recuperación de un tema de análisis que, por muy complejas pero coincidentes razones 2 , parecía haber sido eliminado ya desde el siglo pasado, salvo en ocasiones muy poco frecuentes aunque relevantes 3 , del primer plano de interés de los especialistas: el contacto de lenguas y sus consecuencias. La abundante producción bibliográfica sobre el mismo en los últimos años lo manifiesta de modo evidente 4  .
Lo mismo podemos afirmar respecto al ámbito específico de estudios determinado espacialmente por el empleo, en él, del código comunicativo español y, más concretamente, a su segmento territorial americano.
Como lo demuestra una valiosa investigación de conjunto recientemente publicada 5 el área hispanoamericana es, probablemente, en la actualidad una de las zonas geográficas que más y mejores contribuciones está aportando a la consideración de la variada problemática que deriva de las situaciones de contacto lingüístico. Y ello a pesar (o, quizá, precisamente por ello) de las muy divergentes y, a veces, contrapuestas matizaciones que, para el estudio de la temática en cuestión en el Nuevo Continente de expresión española, proponemos, en muchas ocasiones, quienes nos dedicamos de modo especializado a ella 6 .
Ahora bien, no cabe la menor duda de que, en el desarrollo de este tipo de investigación en los territorios hispánicos de América, ha sido privilegiada claramente una orientación metodológica, la dirigida al análisis de la incidencia sobre el español vernáculo de las lenguas aborígenes que se encuentran en contacto con él. Y, por el contrario, ha sido mucho menos estudiado el proceso inverso (y complementario del anterior) que toca a las modificaciones de todo tipo que, en estas últimas, se han producido como consecuencia de su coexistencia histórica con la lengua española.
Bien es verdad que, por lo que se refiere a algunas áreas lingüísticas concretas como la mesoamericana 7 o la guaranítica 8 , esta apreciación, forzosamente generalizadora, ha de ser relativizada de modo claro ya que, felizmente, sobre ellas (y con la orientación metodológica que hemos mencionado) podemos contar con algunas monografías especializadas que no dudo en calificar de magistrales 9 .
Pero ello no significa, en mi opinión, una inversión generalizada del estado de cosas vigente en este aspecto en el ámbito territorial hispanoamericano sino sólo (y por desgracia) un reducido, aunque muy notable, conjunto de excepciones al mismo.
Como un grano de arena, sólo simbólico, en ese mismo sentido voy, pues, a ocuparme en esta ocasión de un rasgo concreto que se da en la modalidad más meridional de la lengua quechua, la de Santiago del Estero (Argentina), como consecuencia de su plurisccular e intensa interacción con el español empleado en la zona.
Me referiré primero, muy brevemente, a las características del quechua santiagueño para pasar, a continuación, a describir los condicionamientos tanto teóricos como de índole empírica de la peculiaridad lingüística que aquí nos interesa.
El quechua santiagueño se inserta dialectalmente, dentro del denominado Quechua II C 10 . Es utilizado en un enclave (aislado del resto de las variantes territoriales de la lengua quechua) que se asienta en el centro de la provincia norteña argentina de Santiago de Estero, entre y en las márgenes de los ríos Salado y Dulce. Sus hablantes (menos de 100 000 al parecer) lo emplean como variante lingüística L en una situación de intensa diglosia en que el español es, lógicamente, la variante H. Todos los quechuahablantes santiagueños son bilingües, manejando el español vernáculo no sólo como lengua hegemónica 11  y modalidad de predominio indiscutida sino también como estructura referencial en el uso de su lengua propia lo que, como es fácil de inferir, condiciona muy favorablemente la producción de fenómenos de transferencia 12 en el sentido Español>Quechua a pesar de acciones, muy loables pero minoritarias, dirigidas a retener o moderar dichos procesos 13 .
En estas páginas analizaremos, monográficamente, uno solo de estos rasgos procedentes, en santiagueño, de transferencias gramaticales 14 originadas en la lengua española de contacto. El que podríamos identificar con la modificación (no total pero sí mayoritaria) de su tipología sintáctica de base. Intentaré reducir a sus líneas fundamentales los componentes de índole teórica implicados en la formulación, voluntariamente esquemática, que acabo de utilizar.
La tipología lingüística desarrollada durante el siglo XIX 15 que se prolonga durante los primeros decenios del actual 16 , fue, como es de conocimiento general, de fundamentación morfológica 17 . En la década de 1960 un relevante artículo de Greenberg 18 replanteó el tema de modo radical estableciendo, como dimensión esencial para la determinación de los diferentes tipos de lengua, la sintáctica, y, más concretamente, la ordenación relativa, en el contexto de la frase, de sus constituyentes primarios Verbo, Sujeto y Objeto.
De este modo Greenberg proponía la consideración de tres tipos de lengua caracterizados primariamente, cada uno de ellos, por el orden relativo de sus elementos sintácticos fundamentales (VSO, SVO, SOV).
Poco después Lehmann 19 simplificaba este esquema clasificatorio al atender solamente a las pautas de ordenación referidas al Verbo y al Objeto lo que reducía los tipos lingüísticos básicos a dos (VO y OV).
Pero ambos coincidían en postular (de modo similar aunque con una diferente selección de rasgos) la polidimensionalidad de los tipos lingüísticos así establecidos ya que cada uno de ellos requiere la presencia, en las lenguas incluidas en los mismos, de determinados haces de propiedades (typological clusterings) o rasgos implicativos que son, en principio, de obligada aparición junto a cada una de las modalidades secuenciales primarias (VSO, SVO y SOV para Greenberg, VO y OV para Lehmann) previamente reconocidas como tales.
La bibliografía posterior, muy abundante 20 , sobre el particular ha enriquecido, perfilado y desarrollado cada uno de estos puntos pero sin modificarlos en lo esencial.

Apliquemos, pues, los diferentes aspectos del modelo teórico mencionado al tema concreto que aquí nos interesa.
En primer lugar debemos establecer, como punto de partida de nuestro abordaje al mismo, que aún tomando en cuenta adecuadamente las prevenciones de carácter genérico que se han expuesto sobre la materia 21 y aún más las matizaciones e incluso objeciones específicas que al respecto se han alegado tanto en lo que toca a la lengua española 22 como a la quechua 23, no parece fácilmente falsable la atribución al español de una clara tipología VO o SVO (según utilicemos los esquemas establecidos, en este particular, por Lehmann o por Greenberg) 24 y a la lengua (o familia lingüística) quechua la de OV o SOV 25 .
A cada una de estas variantes tipológicas corresponde, como sabemos, un conjunto de universales implicativos diferentes. Aquí manejaré los que, de entre estos últimos, han concitado mayor número de adhesiones entre los especialistas 26 .
Las lenguas de secuencia primaria OV (entre las cuales figura el quechua) poseen los rasgos siguientes caracterizadores, en su conjunto, de la adscripción de cada una de ellas a esta determinada modalidad tipológica (tipo II de Lehmann):

1. Orden Objeto - Verbo (O V).
2. Adjetivo antepuesto a Nombre (Adj. N).
3. Posesor antepuesto a la entidad poseída (Gen. N).
4. Marcas de relaciones casuales pospuestas a Nombre.
5. Oraciones subordinadas y relativas antepuestas a la oración nuclear.
6. Elementos conjuntivos pospuestos.
7. Orden Verbo - Auxiliar (V Aux.).
8. Marcas de negación e interrogación pospuestas.

Por su parte el español, al igual que el resto de las lenguas de tipo VO (tipo I de Lehmann), se caracteriza por el haz de propiedades que sigue; el cual, como se percibe de inmediato, posee características polarmente opuestas al que determina a las lenguas de tipología OV:

1. Orden Verbo - Objeto (VO).
2. Adjetivo pospuesto al Nombre (N Adj.).
3. Posesor pospuesto a entidad poseída (N Gen.).
4. Marcas de relaciones casuales antepuestas a Nombre.
5. Oraciones subordinadas y relativas pospuestas a la oración nuclear.
6. Elementos conjuntivos antepuestos.
7. Orden Auxiliar - Verbo (Aux.V).
8. Marcas de negación e interrogación antepuestas.
(1990) y M. Shibatani y T. Bynon (1995).

A partir de este esquema teórico referido a los typological clusterings o universales implicativos correspondientes a cada uno de los tipos de lenguas existentes dentro del modelo clasificatorio, de base sintáctica, asentado primordialmente sobre el orden de los elementos lingüísticos en la cláusula podemos, ya, proponer la cuestión específica que en esta ocasión nos interesa: ¿Conserva actualmente la modalidad santiagueña de quechua las características tipológicas que corresponden a su familia lingüística, integrada en el tipo de lenguas OV?
La respuesta a esta interrogante debe ser, sin duda, negativa pero con dos matizaciones, fundamentales, de evidente relevancia.
La primera, de índole sociolingüística, se relaciona con las determinaciones externas que afectan a la distribución sociológica de las tendencias modificadoras que, en relación con el tema en cuestión, se dan en la comunidad santiagueña quechuahablante. Los datos, directos, de que dispongo me permiten afirmar que, mientras el habla formal, los grupos de edad avanzada y la pertenencia de los quechuahablantes a comunidades rurales escasamente integradas en la sociedad mayor revelan un porcentaje apreciable de retención de los rasgos tipológicos originarios de la familia lingüística quechua, los registros informales de los grupos de edad más jóvenes pertenecientes a comunidades de enclavamiento urbano o semiurbano manifiestan índices mucho más altos de abandono de aquéllos y, por el contrario, de sustitución de los mismos por las ordenaciones secuenciales de elementos sintácticos coincidentes con las que se dan en la lengua española de contacto. Lo que, desde luego, constituye una evidente e inequívoca indicación de cuál es, en santiagueño, la direccionalidad evolutiva del fenómeno de variación que aquí consideramos.
La segunda, de carácter interno, resalta el hecho (que constataremos individualizadamente a continuación) de que el abandono, progresivo como hemos visto en santiagueño, de las características tipológicas de ordenación de elementos sintagmáticos correspondientes a la familia quechua y el reemplazo, también progresivo, de las mismas por las que se dan en contextos homólogos en el español de contacto no constituye un proceso paralelo que haya afectado de modo similar a todos los rasgos que se integran en el paradigma tipológico considerado. Como veremos, la intensidad y amplitud del fenómeno aludido es muy diferente en cada uno de ellos así como también lo son los mecanismos modificadores actuantes, individualizadamente, en cada caso. Veamos en detalle estos dos aspectos del tema en cuestión.
Examinaremos primeramente las modificaciones que se producen, en santiagueño, respecto a la totalidad de los rasgos tipológicos que han caracterizado históricamente a esta modalidad diatópica de la familia lingüística quechua.

1.    El orden OV es sustituido mayoritariamente en santiagueño, en sus contextos sociolingüísticos más evolucionados, por secuencias de tipo VO, coincidente con el que se da en la lengua española de contacto 27 .

2.-       La ordenación sintáctica Adjetivo - Nombre, propia del quechua, es reemplazada en santiagueño, de modo categórico, por la de Nombre -Adjetivo, similar a la existente en español 28 . Sólo quedan excluidas de esta evolución algunas expresiones lexicalizadas en las que continúa siendo empleada la secuencia de elementos originaria 29 .

3.-     La anteposición del posesor a la entidad poseída, normativa en quechua, es aún mayoritaria en santiagueño pero se dan ya casos, progresivamente más notorios, de secuencias inversas, paralelas a las propias de la lengua española 30 .

4.-      También es mayoritaria, en el momento actual, la marcación en santiagueño de las relaciones de caso mediante morfemas casuales pospuestos pero es cada ve/, mayor el empleo, con esta función, de elementos preposicionales, antepuestos, de procedencia española 31 .

5.         Es ya minoritaria, en el santiagueño contemporáneo más evolucionado, la secuencia Oración Subordinada o Relativa - Núcleo Oracional, propia de la lengua quechua, y, por el contrario, mayoritaria la ordenación inversa, coincidente con la que está presente en español 32 .

6.       La utilización, cada vez más amplia en el quechua santiagueño actual, de elementos gramaticales conjuntivos, antepuestos, procedentes del español implica la reducción progresiva, y paralela, del uso (normativo en quechua) de posposiciones morfemáticas para dicha función sintáctica el cual es, sin embargo, aún mayoritario en la modalidad diatópica considerada 33 .

7.         La secuencia Verbo-Auxiliar, propia de la lengua quechua, no ha sido sustituida, en ningún caso, por la propia del español. Auxiliar - Verbo.

8.       Las marcas pospuestas de negación e interrogación que son, en la lengua quechua, de utilización no marcada y obligatoria salvo en casos muy determinados 34 han sido, en quechua santiagueño, o eliminadas (las indicadoras de interrogación) o empleadas sólo, con funcionalidad claramente marcada, en determinados contextos específicos (las de índole negadora) conforme he tenido ocasión de exponerlo ampliamente en una monografía anterior, a la que aquí me remito 35 .

Resumamos, muy ceñidamente, los resultados obtenidos en nuestra investigación. De los ocho rasgos, propios del tipo II (OV) de la clasificación de Lehmann, que sin duda poseyó originariamente el santiagueño por su pertenencia a la familia lingüística quechua, sólo uno (7) permanece sin alteración. En cuanto a los siete restantes uno (2) ha sido sustituido de modo categórico por el rasgo, homólogo, existente en las lenguas de tipo I (VO) como el español, dos (1 y 5) han experimentado un similar proceso (en contextos sociolingüísticos favorables) con porcentajes de uso cuantitativamente mayoritarios, tres (3, 4 y 6) han modificado sus características tipológicas originarias en menor proporción que la que representan los hechos de preservación correspondientes y, finalmente, uno más (8) ha sido, simplemente, eliminado sin ser reemplazado por ninguna otra estructura alternativa.
Parece, pues, evidente que la modalidad santiagueña de la lengua quechua está experimentando una clara deriva tipológica que, restringiendo progresivamente (aunque no de modo total) sus rasgos originarios -identificables con los existentes en las lenguas de tipo II (OV)-, determina un proceso de empleo creciente de otros -de tipo I- coincidentes con los que se dan en la lengua hegemónica de contacto, el español.
No carece, creo, de interés la identificación de los mecanismos concretos mediante los cuales han actuado las dinámicas tendenciales en cuestión.
En cuatro de los siete fenómenos considerados (1, 2, 3 y 5) se han sustituido las estructuras tipológicas originarias por las existentes en el código comunicativo español, en dos (4 y 6) ello se ha verificado como consecuencia (indirecta) de un transparente proceso de incorporación, por préstamo, de elementos morfológicos preposicionales y conjuntivos de este último que han pasado a funcionar en santiagueño con sus propias modalidades sintácticas de uso y, finalmente, en el último caso (8) se ha eliminado, simplemente, el rasgo tipológico originario.
Los datos hasta aquí presentados autorizan, en mi opinión, a considerar al santiagueño como una modalidad diatópica del quechua en la que se ha desarrollado (y se desarrolla actualmente) un intenso proceso de alteración de su original tipología lingüística inducido, evidentemente, por el contexto de contacto de lenguas en que se encuentra. Lo que es aún más relevante si se aprecia de modo adecuado la circunstancia de que dicho código comunicativo no se encuentra, en la actualidad, ni en peligro de próxima desaparición (language death) como tal 36 ni siquiera en estado de radical obsolescencia 37, condicionamientos ambos que originan (como ya es lugar común en la teorización al respecto) simultáneas y complementarias tendencias dirigidas a la radicalización y aceleración de los cambios inducidos, en las estructuras afectadas, por situaciones de contacto.
Y esta constatación, asentada en sólidos fundamentos empíricos, conduce, obviamente, a incluir al santiagueño en la misma categoría a la que pertenecen lenguas como el ma'a 38 o el finlandés 39  que, por la acción de factores causales generados por el contacto lingüístico, han alterado su tipología en la dirección OV > VO. Y, por el contrario, a considerarlo como el reverso del proceso que ha tenido, por ejemplo, lugar en el griego del Asia Menor 40 en el que, a consecuencia de la presión ejercida sobre él por la lengua turca, se ha verificado una evolución tipológica de direccionalidad VO >OV o, aplicando el esquema clasificador de Greenberg, SVO > SOV 41 .

No deseo finalizar estas páginas sin referirme a dos consideraciones que creo compendian adecuadamente algunas de las consecuencias que pueden derivarse, en un ámbito teórico de análisis, de los contenidos empíricos en ellas aportados.
La constatación en el quechua santiagueño, del mismo modo que en otras lenguas muy diferentes entre sí, de que una característica tan relevante de las mismas como lo es su tipología sintáctica puede ser modificada como consecuencia de una situación de contacto lingüístico nos conduce, de modo difícilmente soslayable, a postular, una vez más, el carácter erróneo de la conceptualización expresada al respecto por Jakobson 42 cuando expone su convicción de que " ... language accepts foreign structural elements only when they correspond to its own tendencies of development” y, por el contrario, la correcta percepción de los hechos en cuestión expuesta por Thomason y Kaufman 43 quienes reivindican la inevitabilidad de afirmar, acerca de ellos, que "... it is the sociolinguistic history of the speakers, and not the structure of their language, that is the primary determinant of the linguistic outcome of language contact. Purely linguistic considerations are relevant but strictly secondary  overall”.
En un nivel de abstracción menor, me parece obligado deducir de la caracterización, marcadamente diferenciada, que ofrecen en su deriva tipológica cada uno de los rasgos del quechua santiagueño que aquí hemos analizado que no se justifican los estrictos requerimientos que, en lo tocante a los mecanismos generales de modificación de tipos lingüísticos, presenta, en su Natural Serialization Principle, Venemann 44  y, coincidiendo en ello con Joseph 45, que considero más adecuada, como marco teórico de los datos aquí presentados, la noción de Cross-Category Harmony manejada por Hawkins 46, la cual posee una flexibilidad conceptual mucho mayor en el análisis de los ámbitos de derivación tipológica considerados 47.



Germán de Granda
Departamento de Lengua Española
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad de Valladolid
47002 Valladolid, España


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1995    "Aspectos teóricos y metodológicos de la investigación sobre el contacto de lenguas en Hispanoamérica", en K. Zimmermann (ed.) Lenguas en contacto en Hispanoamérica, Frankfurt, pp. 9-34.

 




NOTAS:
        
1.-  Considero como punto de partida de este período el año en que fue publicada la investigación, de relevante importancia, de S.G. Thomason y T. Kaufman (1988).
2.-  Véase una exposición esquemática de las mismas en G. de Granda (1996a y 1997).
3.- Me refiero, sobre todo, al volumen de H. Weinreich (1953).
4.- Cf, por ejemplo, J. Bechert y W. Wildgen (1991), E.H. Jahr (ed.) (1992), P. Bakker y M. Mous (eds.) (1994), S.G. Thomason (ed.) (1997).
5.- M. Sala (1998).
6.- Véanse los enfoques, claramente contrapuestos, del tema que facilitan, por una parte, los trabajos de J.M. Lope Blanch (1989 a y b) y, por otra, los de K. Zimmermann (1995) W. Roth (1995) y G.de Granda(1995, 1996a).
7.-  Cf., al respecto, J. A. Suárez (1977), J. Lindenfeld (1982), F. Karttunen (1985), L. Campbell (1987), K. Zimmermann (1992), E. Hekking (1995).
8.-  Véanse, sobre esta temática, M. A. Morínigo (1959. 1975. 1990) y G. de Granda (1996 b y 1997).
9.- Me refiero, obviamente, al espléndido estudio de J. H. y K. C. Hill (1986).
10.- Véanse, sobre el particular. A. Torero (1964, 1983) y R. Cerrón-Palomino (1987). Una consideración muy detallada del tema se encuentra en W. F. H. Adelaar (1995).
11.- Cf. K. Woolard(1985).
12.- Véase, sobre las transferencias del español al quechua santiagueño, la exposición de los principales fenómenos relacionables con la acción de este factor determinado en G. de Granda (1997).
13.- Cf. D.H. y N.T. Burns (ms).
14.-Sobre este concepto teórico véase G. de Granda (1997).
15.- L. Steinthal (1850), F.N.Finck (1910), F. Misteli (1893).
16.-  Por ejemplo, E. Lewy (1951), C. E. Bazell (1958) e, incluso, V. Skalika (1979).
17.- Véanse los panoramas históricos que, sobre el particular, ofrecen K. Horne (1966) y R. H. Robins (1973).
18.- J. H. Greenberg (1963). Véanse también 3. H. Greenberg (1974, 1978).
19.- W.P. Lehmann (1973, 1978)..
20.- Cf., entre otros trabajos atingentes al tema, los realizados (o editados) por C. N. Li (1975), G. Ineichen (1979), B. Comrie(1981), G. Mallinson y B. Blake(1981), L. Dezsó (1982), J. A. Hawkins (1983, 1988), P. Ramat (1985), T. Shopen (1985), W. Croft (1990). W. Croft, K. Denning y S. Kemmer
21.- Cf. J. Brody(1984).
22.- Véanse A. Tesker (1984), B. Pottier (1988) y R. Meyer-Hermann (1994).
23.- Cf. W. F. H.Adelaar (1991).
24.- Véase el reciente estudio de M. Gawelko (1995).
25.- Cf. R. Cerrón-Palomino (1987: 289-290; 1994: 144-147).
26.-   Básicamente los propuestos en J. H. Greenberg (1963), W. P. Lehmann (1978), L. Dezsó (1982) y J. A. Hawkins(1983).
27.-   Nuqa rirani Cardón Esquinaman, waa kas (Bravo 1965: 67) 'Yo fui a Cardón Esquina siendo niña'; Suq vecina lugarmanta, pueblomanta amusa kara, hielota apamusa kara y vinupi churapusa kara pedacitunta mikuyan upiananpaq (Bravo 1965: 63) 'Un vecino del lugar había venido del pueblo, había traído hielo y había puesto en el vino un pedacito para tomar con la comida'; Nuqapa tatayqa kara platero (Bravo 1965: 75) 'Mi padre fue platero'. He utilizado en esta nota (y lo haré también en las siguientes), para ejemplificación de los conceptos expuestos en el cuerpo del trabajo, citas extraídas de la colección de transcripciones de textos orales santiagueños publicada por D.A. Bravo (1965). Aunque la mayoría de ellas no corresponde a la que hemos considerado más arriba, "modalidad evolucionada" del santiagueño. las he preferido, para la finalidad mencionada, a los materiales propios que podría haber empleado para ello con el fin de facilitar al (posible) lector interesado la inclusión de cada uno de los pasajes que menciono en su contexto enunciativo correspondiente. He normalizado, de acuerdo con el Panalfabeto Quechua aprobado en 1985 (Cerrón-Palomino 1992), las grafías utilizadas por D. A. Bravo aunque reproduzco en su forma originaria, por lo general, los numerosísimos hispanismos léxicos (mas de un 35% del léxico total de esta modalidad dialectal) que se encuentran en santiagueño. También, como es natural, conservo en mi transcripción los rasgos dialectales (-shka- < -chka, -sa- < -sqa-, -ra- < -rqa, -s < -spa, -sh < -ll,  desaparición de -w- intervocálica y de h- inicial, etc.) que caracterizan a dicha variedad diatópica de la familia lingüística quechua. En las notas que siguen añadiré a cada texto aducido, entre paréntesis, la página de! volumen de D. A. Bravo en que se encuentra.
28.-        ... y chaqaymanta amunku porteñosqa sedata apamus señoraspaq, seda sumaq (141) 'y de allá vinieron porteños trayendo seda para las señoras, seda linda'.
29.-        Por ejemplo qari waa ''hijo varón" o warmi waa "hija mujer".
30.-        Y ka hombreqa uraykus mana ni uyanta qaapus Iluqachisqa ancasninpi caballunpa (187) 'Y el hombre, apeándose, sin mirarle a la cara la había hecho subir en las ancas de su caballo'; Suq warmi kasa kara diablo, vestikusa kara dos diasta entero cuerponta churakusa kara cerata y dos diasta churakusa kara plumasta pavuspa y atashpaspa (219). 'Una mujer había sido muy pícara. Se había vestido durante dos días completos, había cubierto su cuerpo con cera y se había puesto plumas de pavo y de gallina'.
31.-   Los más notorios, en este sentido, son los procesos de sustitución de -ta o -wan por a, de -manta por de, desde, de -kama por hasta, de -rayku mediante por y de -hina por como. En algunos contextos la marca, antepuesta, de origen español se utiliza al mismo tiempo que la, pospuesta, quechua (porque -rayku).
Véanse los ejemplos siguientes:... v don Juanqa ima ina risa kara a qishpiq kasa kara a cinturanpi watasqa (165) '... y don Juan cómo se iba a librar, atada su cintura'; ... y formapuni wawqin piezasta a martillulla (77).'... y formo algunas piezas a martillo no más'; rimaptinkuna de salamanca y ris ya-chasa kara Homo Bajadapi tiyasqanta sachapi. tutaan. música uyarisqankunata vecinus (205) '... cuando hablaron de la salamanca había sabido que en Horno Bajada había en el monte, de noche, música que oían los vecinos'; Tatasniyku enterakuspaqa mana risqaykuta añaaqniyku, hasta maqaasniykupas karanku (225) 'Nuestros padres, enterándose de que no habíamos ido, nos reñían y hasta nos castigaban'; Finantaqa kayllapi rinchis saqiq, don Jnanra, por stia (167) 'Al finado, a don Juan, ahí lo dejaremos, por ladrón'.
32.-      Suq tutaqa ancha ashka mosquitu tiyasa kara tiempo waqllinaaptin (71) 'Una noche había habido .mucho mosquito por ir a cambiar el tiempo'; Uyarisqa ka wawqinqa suq animal qapariptin (71) 'El otro hermano había oído cuando cantó un animal'.
33.-     En santiagueño, al igual que en otras variedades dialectales de la lengua quechua, es general la sustitución de las posposiciones originarias -pas / -wan por y, -taq por o, ni, -qa / -taq por pero y -rayku por porque. También se utilizan en la modalidad diatópica que aquí analizamos los elementos conjuntivos castellanos si y que.
Véanse los ejemplos que siguen: Chaymanta amuptiyku qallarira hombreqa tapuayta si ancha unay inakun trasportesta ruaq qallarisqayta (212) 'Cuando vinimos el hombre empezó a preguntar si hacía mucho tiempo que yo había empezado a hacer el transporte'; Chayna tiyasqanpi suq asiento contestapun que aprendenaaspaqa cha oficiuta nipun rendinan tiyasqanta ashka condicionesta (205) 'Estando así, otro asiento [una víbora ampalagua] le contestó que si quería aprender ese oficio debía rendir muchas condiciones'.
34.-   Cf. R. Cerrón-Palomino (1987: 215-216 y 295-297).
35.-   G. de Granda (e. p.).
36.-    Sobre las características de las lenguas que se encuentran en esta situación véanse W. Dressler y R. Wodak(1977), N. C.Dorian (1981), H. - J. Sasse (1990)y M. Brenzinger (1992). Por lo que se refiere al área hispánica cf., en el mismo sentido, J. H. Hill (1983), M. C. Muntzel (1980, 1987) y A. R. Taylor (1992).
37.-   C/N.C. Dorian(1989).
38.-    Véanse, sobre sus rasgos tipológicos y otros aspectos caracterizadores de su especial fisonomía lingüística, los recientes estudios de M. Mous (1994) y S.G. Thomason (1997).
39.-    Cf. S. G. Thomason y T. Kaufman (1988: 55).
40.-    Véase la investigación, ya antigua pero aún básica, de R. M. Dawkins (1916).
41.-   Cf. S. G. Thomason y T. Kaufman (1988: 220-222).
42.-    R. Jakobson (1962: 241).
43.-   S. G. Thomason y T. Kaufman (1988: 35).
44.-   T. Vennemann(1974).
45.-   J. E. Joseph (1989).
46.-   J. A. Hawkins (1983).
47.-   Algunos de los rasgos tipológicos de las lenguas VO que ha adoptado (total o parcialmente) el quechua santiagueño han penetrado también en otras variedades diatópicas de dicha lengua aunque en ningún caso con la densidad distribucional que caracteriza a estos procesos de cambio en la modalidad dialectal que aquí consideramos. Así, por ejemplo, en quechua cajamarquino se ha impuesto la secuencia Nombre —Adjetivo (Torero 1983: 76-77), en boliviano meridional (cochabambino) la de Verbo- Complemento (Albo 1974: 173-174), en quechua wanka las oraciones de relativo siguen y no preceden a la oración nuclear (Cerrón-Palomino 1976: 267) y, finalmente, en la mayor parte de los dialectos quechuas actuales se han adoptado algunos elementos conjuntivos castellanos como o, y, ni.








 
 

 


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