HISTORIA LINGÜÍSTICA
Y TIPOLOGÍA GENÉTICA
DEL QUECHUA DE
SANTIAGO DEL ESTERO, ARGENTINA


GERMAN DE GRANDA
Universidad de Valladolid


    Desde que, en los primeros años de la década de los ‘60 se comienzan a constituir sólidamente los componentes básicos de la lingüística quechua moderna (Cerrón-Palomino 1985) -fundamentalmente a partir de las investigaciones iniciales de Gary J. Parker (1963) y de Alfredo Torero (1964) aunque sin olvidar el importante antecedente de la inicial monografía de J.H. Rowe (1950)- hasta el momento actual uno de los temas más reiterada y profundamente analizados (y encarnizadamente discutidos) por los investigadores dedicados a la nueva, y pujante, especialidad filológica ha sido sin duda el relacionado con las implicaciones de todo tipo derivadas de la presencia, en el área diatópica cuzqueño-boliviana del QIIC, de dos series consonánticas, caracterizadas respectivamente por la aspiración (/PH/, /TH/, /KH/, /QH/, /ČH/) y por la glotalización (/P’/, /T’/, /K’/ /Q’/, /Č’/), que no se encuentran en el resto de las modalidades dialectales de la lengua con excepción del quechua ecuatoriano de la Sierra (Moya, 1981: 171-172) que también posee una similar serie aspirada (Cerrón-Palomino 1987a, 118-121, 183-86)  1.

    La razón de tan empeñoso y pormenorizado análisis es, desde luego, evidente y se relaciona básicamente con la convicción de que la postulación para el Protoquechua (PQ) de ambas series consonánticas, como lo propuso (al menos en relación con el quechua del siglo XVI) Rowe (1950), constituiría un elemento probatorio fundamental, quizá decisivo, en la consideración de las lenguas quechua y aimara
2  como derivadas, genéticamente, de un Protoquechumara común dada su presencia (amplia y sin restricciones contextuales) en la lengua aimara (Hardman 1966 y 1988; Briggs 1993). Como es sabido, esta última tesis, propuesta por Orr y Longacre (1968) y respaldada, entre otros especialistas, por Y. Lastra (1970) y Key (1981) y, en cierto sentido, también por Büttner (1983), suscitó, hasta bien entrada la actual década de los '90, un amplio rechazo teórico entre los estudiosos de que son testimonio, entre otras, las consideraciones emitidas al respecto por Stark (1970), Hardman (1985), Mannheim (1985), Proulx (1987) y, sobre todo, por Cerrón-Palomino (1982; 19S7a: 351-375) quien presenta en este último estudio un excelente resumen de la posición mayoritaria, al respecto, en la década de los '80.
No es, por ello, de extrañar que algún intento aislado (y ciertamente endeble) de proponer la integración de las series consonánticas aspirada y glotalizada en el sistema fonológico del PQ (Proulx 1972, 1974) contra lo establecido, en este extremo, en las reconstrucciones del mismo realizadas por Parker (1963, 1969) y Torero (1964) haya suscitado, de inmediato, contundentes refutaciones (Parker 1973; Cerrón-Palomino 1984, 1987a: 118-121).

    En esta ocasión me ocuparé, primariamente, de una faceta diatópica concreta de la amplia temática relacionada con la inserción que corresponde asignar, en la dialectología y en la diacronía de la lengua quechua, a la existencia en ella de las series consonánticas, de índole laringal, aspiradas y glotalizadas: la ausencia de las mismas en el quechua de Santiago del Estero (Argentina) y los posibles factores condicionadores de este hecho.
    Una apreciación superficial y primaria de la finalidad de las presentes páginas, tal como la acabo de esquematizar, podría considerar, a priori, como de un interés mínimo la motivación concreta y, también, el posible contenido de las mismas dado el ámbito, extremadamente local al parecer, del estudio propuesto.
Creo que ello no sería, de ningún modo, adecuado ya que, aun prescindiendo de las implicaciones -metodológicamente relevantes, como veremos- del proceso de análisis que aquí me propongo seguir, la problemática específica que debe ser examinada, obligadamente, en relación con el objeto de consideración antes mencionado presupone, de modo ineludible, cuestiones teóricas que superan ampliamente la reducida dimensión geográfica atribuible al quechua santiagueño y relacionan al mismo con aspectos, mucho más abarcadores, referidos no sólo a modalidades determinadas de interacción entre variedades diatópicas de la lengua (o familia lingüística) (Torero 1983) quechua sino también a la misma estructuración dialectal de este código comunicativo.

    Deben ser, así, correctamente valorados en el sentido referido hechos tales como la incomodidad, expresada por Torero (1972: 88), acerca del hecho de que la modalidad dialectal santiagueña (y la tucumana) que "parecen no haber sido históricamente otra cosa que una continuación de las hablas del sur de Bolivia" no compartan con esta última la utilización de las series consonánticas aspirada y glotalizada o, en una dimensión diferente, la utilización por G. Taylor (1994, 16-20, especialmente notas 1 y 5) de la presencia o ausencia de articulaciones laringalizadas como criterio determinador para diferenciar, en su QSC (Quechua Sureño Común) opuesto al QCH (Quechua Chínchay), un QS1, dotado de consonantes aspiradas y glotalizadas y coincidente, así, con la modalidad diatópica cuzqueño-boliviana, y un QS2, desprovisto de ellas, en el que se integrarían las variedades dialectales ayacuchana y santiagueña
3 .
Abordando ya el tema específico que deseo examinar en este oportunidad es fácil constatar que, hasta el presente, han sido propuestos no menos de cuatro puntos de vista, claramente diferenciados, con referencia a los condicionamientos determinadores de la ausencia de consonantes laringalizadas (glotalizadas y aspiradas) tanto en el santiagueño actual como en la, ya desaparecida, variedad regional quechua de Catamarca y La Rioja (Nardi 1962).

    El primero de ellos, expuesto por G. J. Parker (1969, 275 y 280-281), postula la adquisición, tanto por el Proto-Ecuatoriano como por el antecesor histórico del actual quechua santiagueño, de las series consonánticas laringalizadas. que serían posteriormente eliminadas en ambas zonas dejando, como único vestigio de su existencia anterior, la presencia de consonantes aspiradas en el quechua serrano del Ecuador. Con anterioridad, J. H. Rowe (1950) había extendido la hipótesis de la preexistencia diacrónica de las series consonánticas glotalizadas y aspiradas a la totalidad de las modalidades diatópicas del denominado por él  "inca clásico" del siglo XVI.
    Casi coincidentemente en el tiempo, A. Torero (1972) limita la admisión por la lengua quechua de consonantes laringalizadas, a causa del contacto con la lengua aimara, a las modalidades dialectales cuzqueño-bolivianas de la variedad Chínchay (QIIB-C) del Quechua Húampuy (QII). Dicho proceso, desarrollado (según este especialista) sólo "a fines del siglo XV o principios XVI" (Torero 1972, 88), no habría afectado al quechua argentino al haberse constituido históricamente esta última variedad dialectal con anterioridad a la mencionada zona de fechas.
    Con enfoque muy diferente, J. A. Hasler (1984) considera que "los idiomas de sustrato hablados en [el] Tucumán deben haber tenido la oposición entre /K/ y /Q/ pero carecían aparentemente de series aspiradas y glotalizadas" (Hasler 1984, 9) por lo cual estos últimos sonidos "resultaban impronunciables [para las poblaciones aborígenes que adquirían la lengua quechua]... por no existir en la lengua de estas regiones, por ejemplo en el cacán" (Hasler 1984, 29) con una clara sugestión dirigida a postular la acción determinante, en la eliminación de las consonantes laringalizadas del quechua local, de un factor sustratístico actuante sobre la modalidad importada (del área cuzqueño-boliviana) de este código lingüístico.

    Por su parte Cerrón-Palomino, si bien parece aceptar en líneas generales la mencionada hipótesis de Hasler (Cerrón-Palomino 1987a: 183), la matiza posteriormente con acierto al proponer que "tales series [las consonantes glotalizadas y aspiradas] fueron suprimidas [en el quechua santiagueño] en el proceso de aprendizaje de la lengua por parte de las etnias conquistadas tanto por los incas como por los españoles" (Cerrón-Palomino 1987a: 347) dando, así, mayor relevancia al proceso de apropiación del quechua por los aborígenes del Tucumán que a la acción (posterior y de índole conceptualmente diferente) sobre la lengua en cuestión de presiones sustratísticas como factor determinador de la fisonomía definitiva de la misma en el territorio santiagueño y, también, en el resto de las áreas del actual noroeste argentino que fueron afectadas (en diferentes épocas, como veremos) por un prolongado e intenso mecanismo de quechuización lingüística.
    La más reciente de las hipótesis causales emitidas respecto a la ausencia de articulaciones consonánticas laringalizadas en el quechua santiagueño se remonta, pues, a más de una década atrás. Ahora bien, en este último lapso (1987-1998) se han integrado, tanto en el campo de los estudios lingüísticos (generales o específicamente centrados en la filología quechua) como en el de los históricos, numerosos factores renovadores que han modificado, ampliado o reestructurado, de modo a veces extraordinariamente radical, diversos aspectos -no sólo empíricos sino también teóricos- del contexto general dentro del cual es preciso analizar el tema concreto que aquí estamos abordando
4 .

    Es, así, necesario, en mi opinión, replantear la problemática a ello referida con el fin de integrarla adecuadamente en las perspectivas, renovadas, que son requeridas por los abundantes datos nuevos (o por las inflexiones teóricas en ellos basadas) de que ahora disponemos lo cual nos permitirá, en principio, no solamente evaluar a partir de ángulos de enfoque inéditos las tesis explicativas hasta ahora propuestas en relación con la temática que aquí nos ocupa sino también (al menos en propósito) avanzar, respecto a esta última, puntos de vista teóricos más sólidamente fundamentados y de ámbito implicativo más extenso.
    Presentaré a continuación, en resumen extremadamente conciso, los datos o elaboraciones teóricas recientes (a que me he referido en los párrafos anteriores) que, en mi concepto, puede incidir en el replanteo en cuestión.
En el ámbito lingüístico son los que siguen:
*    Postulación, sobre bases metodológicas renovadas, de la hipótesis de la relación genética de las lenguas quechua y aimara (Campbell 1995) y, como consecuencia de ello, inclusión de las series consonánticas glotalizadas y aspiradas en el Protoquechumara y, también, en el Protoquechua (Campbell 1995, 163-181). El contacto (posterior a la escisión de las lenguas aimara y quechua) mantenido por ambas en las tierras altas surandinas no generó, pues, sino que sólo retuvo las consonantes laringalizadas quechuas en el área diatópica de la actual variedad cuzqueño-boliviana 5 .
*    Propuesta (evidentemente alternativa a la anterior) de considerar la homología de estructura (Cerrón-Palomino 1994) existente en las lenguas quechua y aimara como un fenómeno de génesis areal (Calvo Pérez 1994).
*    Sólidas precisiones sobre la tipología de base y los rasgos caracterizadores (entre ellos la ausencia de series consonánticas laringalizadas) de la lengua general (Cerrón-Palomino 1989. 1995b), identificable con el quechua costeño descrito por fray Domingo de Santo Tomás, y del quechua del Manuscrito de Huarochirí (Taylor 1985 y 1987; Salomón 1991, Adelaar 1994) 6 .
*    Valiosas consideraciones sobre las peculiaridades estructurales funcionales y de uso del quechua general surgido del III Concilio Límense (Cerrón-Palomino 1987b; Itier 1991, 1992).
*    Por lo que atañe al área de Santiago del Estero, adecuada (aunque sólo parcial) actualización de las, incompletas y poco rigurosas, descripciones anteriores de las estructuras gramaticales del quechua regional (Nardi 1989 y ms.; Kirtchuk 1987; Alderetes 1990y 1994: Granda 1997a, 1997b, 1997c, 1997d, e.p. a y e.p. b) y reconstrucción de la desaparecida lengua kakán, coexistente con la quechua en la zona santiagueña al menos hasta el siglo XVII (Nardi 1979). Y, ante todo, postulación, con base en rasgos fonéticos y morfosintácticos, del carácter mixto del quechua santiagueño y de su relación genética, parcial, con modalidades norteñas de la lengua (QIIA. QIIB y QI) (Adelaar 1995, Granda 1997b).
*    En el campo de la teorización lingüística general son atinentes a determinados aspectos de la problemática que aquí analizamos relevantes aportaciones recientes referidas al contacto de lenguas y la transferencia lingüística (Thomason y Kaufman 1988), los procesos de acomodación interlingüística (Giles y Smitb 1979; Giles 1984), la formación de modalidades de lengua koiné (Domingue 1981, Siegel 1985, Cardona 1990, Granda 1994) y la persistencia temporal de determinadas pautas de realización en la dimensión diacrónica de los sistemas lingüísticos (Lieberson 1982).
En cuanto al ámbito histórico, son de consideración obligada en relación con el tema en cuestión, las aportaciones que siguen:
*   Verificación, a partir de datos historiográficos, toponímicos y arqueológicos, de la existencia de mitmas incaicos el área santiagueña (Gramajo 1982; Lorandi 1983; Williams y Lorandi 1986; Lorandi y Cremonte 1991) como ya lo habían sugerido anteriormente Christensen (1970) y Stark (1985a), en paralelismo con lo acontecido en numerosas áreas territoriales del Imperio Inca (como ejemplo de ello véase Hartmann 1994).
*  Importancia destacada de los numerosos yanaconas o "indios amigos", que acompañaron a los conquistadores y primeros pobladores de la zona santiagueña, en el proceso de quechuización lingüística del área (Nardi 1962: 268-271; Granda 1997b) y posibilidad (altamente probable) de que los mismos procedieran mayoritariamente de comarcas norperuanas dados los condicionamientos históricos concretos que se encontraban vigentes en el Perú, en lo relativo a aspectos poblacionales, en las décadas centrales y finales del siglo XVI (Sempat Assadourian 1994).
    La utilización correcta de estos datos (en buena parte claramente renovadores respecto a los utilizados, por lo general, en la década de los años '80) nos permite, primeramente, descartar, como alternativas viables a las cuestiones implicadas en la temática que en estas páginas abordamos, algunas de las hipótesis, previamente propuestas respecto a esta última, que hemos enumerado, más arriba, en este mismo texto.
Así ocurre, por ejemplo, con la tesis de Torero (1972) la cual es, por una parte, claramente incompatible con la postulación por Campbell (1995) 7  de la continuidad de la presencia de las series consonánticas laringalizadas en el área cuzqueño-boliviana desde el PQ hasta el momento actual por retención de las mismas (no por su génesis) originada en el contacto con las modalidades locales de la lengua aimara y, por otra, con la afluencia de los mitmas incaicos al territorio santiagueño (Lorandi y Cremonte 1991) desde el reinado de Tupac Yupanqui (Levillier 1940: 65, 74-75, 92-93, 99) hasta el mismo inicio de la conquista española. Del mismo modo, su concepción del quechua santiagueño como simple "prolongación [histórica] de las hablas del sur de Solivia" (Torero 1972: 88) no coincide con las peculiaridades presentes en el mismo las cuales, por el contrario, parecen presuponer para esta variedad diatópica un proceso genético mucho más complejo en el que tendrían participación relevante modalidades dialectales norteñas encuadrables dentro del QIIA y IIB (Adelaar 1995) y, también, dentro del QI (Granda 1997b).

    En cuanto a la tesis sustratista propuesta por Hasler (1984) con referencia específica a la ausencia en el santiagueño actual de consonantes laringalizadas (glotalizadas y aspiradas), es de todo punto obligado constatar que la misma, por su carácter totalmente puntual 8 , no cumple con el requerimiento metodológico expuesto, muy acertadamente, por Thomason y Kaufmann (1988: 61) de que “in order to support that feature x arose in language A under the influence of language B, we need to show that features a, b, e, y, z ... also arose in A under the influence of B”  lo que, desde luego no ocurre en esta ocasión. Por lo que corresponde (al menos en principio) adoptar respecto a la mencionada explicación causal una básica actitud de escepticismo considerándola, en todo caso, como una alternativa hipotética a la que recurrir, en último extremo, a falta de otros procesos genéticos que puedan dar razón, de modo más satisfactorio, del fenómeno analizado.
    Las propuestas de Parker (1969) y Cerrón-Palomino (1987a: 347) respecto al tema en cuestión son, en mi opinión, asumibles si bien no como planteamientos genéticos totalizadores sino (sobre todo en el segundo caso) como factores causales integrados en un modelo explicativo, considerablemente más amplio, coincidente con el que expondré a continuación.

    Mi propia visión de la problemática que aquí nos ocupa se fundamenta, metodológicamente, en la correcta consideración de la totalidad de los factores renovadores aportados por las recientes investigaciones, lingüísticas e históricas, relacionadas (en mayor o menor adyacencia teórica) con ella, tal como los he expuesto, en apretadísima síntesis, en párrafos anteriores de este mismo texto. Y, de modo voluntariamente esquemático, puede ser reducida a cuatro componentes básicos identificables cada uno de ellos, por cierto, con diferentes niveles temporales, secuencialmente ordenados, de la diacronía específica del quechua santiagueño.
    El primero coincide con las últimas décadas del siglo XV (posteriores a la asunción del poder por el Inca Tupac Yupanqui ¿1471?) y las cuatro primeras del XVI.
    En este lapso se establecieron grupos de mitmas incaicos en numerosos puntos del actual noroeste argentino incluyéndose entre ellos el territorio santiagueño (Lorandi 1980; González 1982). Dichos grupos desarrollaron en las áreas en cuestión -al igual que ocurrió en otros casos, homólogos, que han sido mejor estudiados (Hartmann 1994)- una indudable función de quechuización lingüística que, entre otros, parece haber afectado a los grupos juríes asentados en lo que es hoy la provincia de Tucumán y en el este de Catamarca (Lorandi y Cremonte 1991: 229).
    Teniendo en cuenta que los datos arqueológicos y toponímicos disponibles parecen indicar que los lugares de procedencia de los mitmaqkuna en cuestión pueden ser identificados con comarcas próximas a Cuzco (entre ellas las de Canas y Canchis) por una parte y, por otra, con zonas enclavadas en el altiplano actualmente boliviano, está fuera de toda duda que la modalidad de quechua trasplantada por estos contingentes poblacionales incaicos al territorio noroccidental de la actual Argentina (y, dentro de él, al área santiagueña) fue la variedad diatópica antecesora de la actualmente denominada por Taylor (1994) QS, o, en otros términos, la cuzqueño-boliviana 9 . Lo cual implica, en relación con el rasgo concreto que aquí nos interesa, que la primera de las modalidades de quechua asentadas, en dimensión diacrónica, en el territorio hoy santiagueño fue, sin duda, portadora -al menos mayoritariamente- de series consonánticas laringalizadas, (glotalizadas y aspiradas) y ello no sólo a partir de una base teórica relacionada con la reciente hipótesis al respecto de Campbell (1995) sino incluso prescindiendo, al efecto, de la misma 10 .
El segundo componente (teórico y, simultáneamente, cronológico) del modelo explicativo que aquí desarrollamos se inscribe temporalmente en los primeros decenios de la presencia hispánica en Santiago del Estero y se relaciona no sólo con la procedencia de los conquistadores y primeros pobladores españoles de la zona sino también, y sobre todo, con la del elevado contingente de yanaconas o "indios amigos" que acompañaron a aquéllos 11 .

    Está claro (Bazán 1986) que todos ellos llegaron, directa o indirectamente del Perú (en este último caso a través de Chile) pero además, dadas las condiciones poblacionales negativas que prevalecían en las tierras altas de los Andes sureños como consecuencia de una serie ininterrumpida de hambrunas y guerras que se sucedieron entre 1530 y la década de los años '50 del siglo XVI (Sempat Assadourian, 1994), parece de todo punto probable, por lo que toca a las comarcas originarias de los yanaconas arribados a Santiago del Estero, que se pueda fijar su enclavamiento mayoritario en las áreas norteñas o centro-norteñas del Perú.
    Es evidente, si ello es así, que los códigos lingüísticos primarios de comunicación que manejarían la mayor parte de los "indios amigos" peruanos asentados en la zona santiagueña serían coincidentes con variedades locales del QI y del QIIA y B sin perjuicio de que algunos de ellos (y también una parte, al menos, de los conquistadores y primeros pobladores españoles) utilizaran igualmente la modalidad lingüística denominada lengua general, identificable con la variante costeña de la lengua quechua que sirvió como base a la descripción realizada por fray Domingo de Santo Tomás (Cerrón-Palomino 1989, 1995b).
Pues bien, esta hipótesis, asentada como hemos visto en fundamentos históricos no totalmente definitorios (aunque sí sólidos), es plenamente confirmada por los datos derivados del análisis de las estructuras fónicas y morfosintácticas del actual quechua santiagueño, en las que han sido identificados numerosos rasgos 12  - que sólo pueden ser explicados genéticamente de modo coherente si se parte, para ello, de una matriz lingüística originaria identificable con variantes diatópicas del quechua peruano norteño o central (Adelaar 1995, Granda 1997b) las cuales no pudieron, evidentemente, ser trasladadas a Santiago del Estero sino por los conquistadores españoles y los yanaconas indios de la primera etapa de la colonización hispánica ya que con posterioridad a dicho período temporal no existieron prácticamente entre esta última área y las zonas del centro del Perú relaciones de intercambio poblacional dignas de mención.
Parece, pues, fuera de toda duda que, como lo expresa Adelaar (1995: 40-47), "los primeros colonos [de Santiago del Estero en su época hispánica] habrían llegado del norte o centro del Perú" llevando consigo, como es natural, sus propias modalidades primarias de QI, QIIA o QIIB y también en ocasiones, seguramente no infrecuentes, la lengua general de base costeña.

    Por lo que atañe al objeto específico de estas páginas podemos pues, suponer fundadamente que los primeros años de la colonización hispánica del territorio santiagueño supusieron la implantación en el área tucumana de modalidades de la lengua quechua que (además de en otros rasgos) coincidían todas ellas en no presentar series de consonantes laringalizadas (aspiradas y glotalizadas) ya que las mismas ni parecen ser postulables para las variantes diatópicas locales existentes en las segunda mitad del siglo XVI en el Perú norteño y central -contra la opinión de Rowe (1950)- ni se dieron, al parecer, en la lengua general (Cerrón-Palomino 1989: 188-194) así como tampoco en la variedad reproducida en el manuscrito de Huarochirí (Adelaar 1994) que es, según todas las probabilidades, identificable con un tipo de código comunicativo suprarregional prehispánico (diferente del descrito por fray Domingo de Santo Tomás) dotado de características que lo relacionan predominantemente con el QIIB.

    El tercer componente de nuestro modelo explicativo abarca, en su determinación temporal, los últimos decenios del siglo XVI y los primeros del XVII mientras que, en cuanto a su perfil funcional se refiere, debe ser puesto en relación con un proceso sociológico, colectivo, de acomodación lingüística (Giles y Smith 1979: Giles, 1984) conducente a la constitución de una modalidad local, básicamente unificada de koiné (Siegel 1985; Cardona 1990) quechua, producto de la convergencia, hacia una variedad común, de las diferentes variantes de esa lengua existentes previamente en territorio santiagueño y, en general, tucumano.
    Hemos visto, en efecto, que, como consecuencia de los movimientos poblacionales que tuvieron lugar en el área que aquí consideramos, confluyeron en ella durante los siglos XV y XVI variantes diatópicas de QS, y de Ch1, Ch2, Ch3 (utilizando la terminología de Taylor 1994) o de QI y de QIIA, B y C en su rama cuzqueño-boliviana (según la clasificación de Torero 1964) además de la modalidad de lengua general de la base costeña (Cerrón-Palomino 1989 y 1995b). Y es precisamente en este tipo de contextos, de marcada heterogeneidad dialectal interna, en los que, en general, se desarrollan -para eliminar por este medio indeseables diferenciaciones grupales que podrían ser atentatorias a la cohesión intracomunitaria- procesos de koineización, es decir de "convergencia y nivelación entre variedades lingüísticas ... estrechamente relacionadas desde el punto de vista genético" (Mohán 1978) 13 , como los que han tenido lugar en relación con las diferentes modalidades del hindi transportadas a las islas Fiji (Moag 1977), Guyana (Gambhir 1981) o Isla Mauricio (Domingue 1981) y también, en un nivel más amplio, en el español de América (Granda 1994) o en el alemán implantado en el mismo continente (Gilbert 1971).

    Dicho proceso koineizador, que puede culminar ideológicamente en algo más de medio siglo (Trudgill 1986: 95), se verifica a través de dos mecanismos evolutivos. El simplificador mediante el cual se seleccionan, de entre las alternativas -de funcionalidad homóloga- que coexisten en la situación de heterogeneidad dialectal previa al desarrollo de las tendencias hacia la convergencia lingüística en el territorio estudiado, las que poseen la condición de ser mínimamente marcadas y, por ello, máximamente económicas. Y el nivelador, por el que se incorporan a la modalidad koiné en gestación los rasgos lingüísticos cuantitativamente mayoritarios entre los que compiten en su función en la etapa previa a la constitución de aquélla. Aunque, como lo he expuesto en otra oportunidad (Granda 1994: 69-70), el primero de ellos (simplificación) posee evidente primacía jerárquica, en cuanto a su actuación puntual, sobre el segundo (nivelación).
    Si, como parece difícilmente discutible después de tomar en consideración los datos hasta aquí expuestos, se atribuye a la variedad de quechua (unificado a partir de su heterogeneidad dialectal originaria) que se utiliza en el área santiagueña, muy probablemente desde las primeras décadas del siglo XVII, la tipología genética de modalidad koiné podrán ser valoradas de modo adecuado una gran cantidad de rasgos caracterizadores de esta variante diatópica de la lengua andina.

    Así determinados fenómenos tanto de reestructuración 14  como de restricción funcional 15  y de reducción del repertorio de elementos morfosintácticos 16  que se dan en ella serán considerados como resultados de la actuación del mecanismo simplificador de la koineización verificada en el área santiagueña, otros 17  podrán ser atribuidos a la acción del -complementario- mecanismo nivelador y, finalmente, algunos más (quizá los más sugestivos) 18  deberán relacionarse causalmente con ambos.
Este último es también, con certeza, el caso del rasgo fonético que en estas páginas consideramos. En efecto, la eliminación en el quechua santiagueño koiné (del que deriva mayoritariamente el actual) de las series consonánticas glotalizadas y aspiradas -que estaban, desde luego, presentes en el quechua llevado al territorio hoy santiagueño por los mitmas incaicos y fueron manejadas también, sin duda, por sus descendientes- es conectable genéticamente, por una parte, con un claro proceso de simplificación fonológica mientras (y simultáneamente) por otra lo es con el proceso nivelador que seleccionó, para su incorporación a la koiné local en formación, no la alternativa representada por las modalidades territoriales de procedencia QS, sino sus homologas de origen CH1, CH2 o CH3 (o QI y QIIA y B), desprovistas todas ellas de consonantes laringalizadas y, muy posiblemente, manejadas por un contingente mayoritario de hablantes en el inicial Santiago del Estero hispánico.
    Es preciso tener en cuenta del mismo modo que, tanto respecto a este rasgo concreto como respecto a los otros, similares, a los que hasta aquí hemos aludido, el mecanismo simplificador actuante en el proceso de koineización que tuvo lugar en el área santiagueña fue, sin duda, reforzado por tendencias, igualmente simplificadoras, derivadas del fenómeno de sustitución lingüística que se desarrolló entre la población aborigen de habla diaguita (kakán) al reemplazar esta su lengua primaria por el quechua, de uso general en Santiago del Estero (Cerrón-Palomino 1987a: 347).
    En situaciones de este tipo caracterizadas por la producción de fenómenos de shifting, como los denominan Thomason y Kaufman (1988), es sabido que las estructuras complejas o fuertemente marcadas de la L2 adquirida por hablantes de L1 primaria son, de modo general, reducidas a paradigmas funcionales más económicos y simples (Thomason y Kaufman 1988: 51-52) lo que, muy probablemente, ocurrió también en el caso que nos ocupa dando lugar, así, a la generalización de tendencias simplificadoras (conducentes, sin duda, a la supresión de las series consonánticas laringales) respecto al rasgo que aquí analizamos no sólo entre los quechuahablantes locales de procedencia peruana sino también entre la población indígena, nativa, de lengua originaria kakán 19 .

    El cuarto (y último) componente del paradigma explicativo diacrónico que, a propósito del rasgo concreto que analizamos, proponemos en estas páginas para el quechua santiagueño abarca cronológicamente desde la consumación del "proceso koineizador" de que nos ocupamos en los párrafos inmediatamente anteriores hasta la actualidad aunque, como veremos, se deban establecer en el mismo dos subdivisiones cronológicas dotadas, en parte, de orientaciones dinámicas claramente diferenciadas.
    La caracterización de base del segmento temporal en cuestión, en su totalidad, viene determinada por lo que, con terminología de Siegel (1985), podemos denominar como "vernacularización de la modalidad koiné" generada en las décadas finales del período cronológico anterior (¿1610-1620?), es decir por el asentamiento y prolongación en el tiempo de los rasgos fundamentales de la misma de acuerdo, en ello, con las justas observaciones de Lieberson (1982) acerca de la persistencia en el tiempo de fenómenos lingüísticos producidos por factores sociales actuantes en una dimensión pretérita, más o menos lejana, ya superada en cuanto a sus determinaciones causales específicas.
    Es obligado, no obstante, constatar que la modalidad vernácula de tipología genética koiné, que se constituyó en las primeras décadas del siglo XVII en el área santiagueña y zonas próximas (Nardi 1962), fue sometida, con posterioridad, a transformaciones relevantes -aunque no lo suficiente como para eliminar de la misma la totalidad de sus rasgos tipológicos distintivos- originadas por la actuación de dos condicionamientos diferentes.

    El primero de ellos impone al quechua santiagueño una evidente deriva orientada a la sustitución de sus peculiaridades vernáculas por rasgos, homólogos, de procedencia cuzqueño-boliviana (QS, en terminología de Taylor). Este proceso, relativamente transparente por lo que toca a la relexificación del vocabulario original del santiagueño, a la reestructuración (parcial) de su paradigma verbal (Adelaar 1995: 46) y a otros fenómenos gramaticales similares (adopción, por ejemplo, del sufijo verbal contaminativo -LLI), requiere, sin duda, investigaciones mucho más profundas que las que hasta ahora se le han dedicado pero parece, en principio, postulable su extensión a otros constituyentes lingüísticos de la modalidad diatópica que nos ocupa (cf. para un examen general, de índole teórica, del tema Trudgill 1986).
    Los factores causales generadores del proceso mencionado son de clara, casi obvia, identificación así como también lo son los límites temporales de su actuación transformadora sobre el quechua santiagueño.
El más remoto y, posiblemente, de incidencia menos marcada en el sentido a que nos referimos es coincidente con la utilización en el área del quechua general impuesto por el III Concilio Limense cuyas características lingüísticas cuzqueñas fueron (a pesar de los, acertados, esfuerzos de sus proponentes por eliminar del mismo localismos extremos) preponderantes (Cerrón-Palomino 1987b; Itier 1991 y 1992).

    El más reciente y, al mismo tiempo, más intenso y temporalmente prolongado fue el derivado de la intensa relación mantenida, durante todo el siglo XVII y una parte del XVIII, entre el área santiagueña y las comarcas sureñas del Alto Perú (hoy Bolivia). especialmente el foco de actividad económica que representaba Potosí y la ciudad de Chuquisaca, La Plata o Charcas, de cuya Audiencia dependían, jurídicamente, los territorios norteños de la actual Argentina.
    La comunicación permanente de ambas zonas, los desplazamientos poblacionales (en los dos sentidos) entre ellas desarrollados y el intercambio comercial fueron, sin duda, circunstancias que facilitaron y determinaron un. paralelo, contacto lingüístico entre los quechuahablantes de las respectivas zonas con la consecuencia, inevitable, de que la modalidad diatópica santiagueña, evidentemente periférica y por ello heterónoma  (Chambers y Trudgill 1980), fuera receptora de influjos modificadores, progresivamente más intensos con el tiempo, procedentes del quechua local del sur del Alto Perú (Stark 1985b), variante prestigiada no sólo por su empleo en áreas centrales del Virreinato peruano (Slicher van Bath 1979) sino también, y sobre todo por su (parcial) identificación con la variedad cuzqueña considerada, ya en las décadas centrales del siglo XVII, como norma diatópica modélica para el uso de la lengua quechua (Mannheim 1991; Torero 1995: 18-19).

    La posibilidad, perfectamente factible por cierto 20 , de que la prolongación de un estado de cosas como el descrito pudiera haber llegado a modificar radicalmente la tipología genética originaria del santiagueño a través de una reestructuración completa de sus peculiaridades locales dirigida a reemplazarlas por los rasgos, de funcionalidad homologa, existentes en las modalidades quechuas del Alto Perú meridional o, en otros términos, orientada hacia una situación de isogramatismo total (Granda, 1996), quedó, sin embargo, frustrada por la sustitución acaecida en la primera mitad del siglo XVIII (Farberman 1992) de la ruta que comunicaba, hasta entonces el área territorial del Río de la Plata y Potosí con escala en la zona de Santiago del Estero (Tenenes) por otra, de trazado más occidental, apoyada en la comarca de San Miguel de Tucumán (Palomar).
    Este hecho que, a pesar de las reiteradas gestiones realizadas por las autoridades locales santiagueñas, nunca pudo ser revertido significó para el área en cuestión no sólo su incomunicación definitiva con las comarcas altoperuanas sino también su aislamiento, prolongado prácticamente hasta la centuria actual, respecto a los núcleos urbanos más influyentes del Virreinato rioplatense primero y de la Argentina independiente después (Farberman 1992; Bazán 1986). Y, en el ámbito lingüístico, representó, para la modalidad diatópica santiagueña, la finalización de un proceso, probablemente muy intenso, de reestructuración y relexificación direccionalmente orientado hacia la adopción de pautas de realización identificables con las existentes en la variante prestigiosa del quechuacuzqueño-boliviano y, con base en ello, también la persistencia en la misma (hasta hoy) de algunos, al menos, de los rasgos caracterizadores de su peculiaridad tipológica, originaria, de variedad koiné.

    Este mismo factor condicionador fue, sin duda, el que determinó que el santiagueño no llegara a compartir con el quechua cuzqueño-boliviano determinadas evoluciones, muy específicas de estas últimas modalidades dialectales, que, según las cuidadosas y concluyentes investigaciones llevadas a cabo al respecto por Mannheim (1990, 1991), tuvieron lugar en ellas entre las últimas décadas del siglo XVII y las primeras del XVIII.
    Me refiero, en concreto, a los procesos fonéticos de erosión consonántica en implosión silábica que afectaron, en cuzqueño-boliviano, a la serie consonántica oclusiva y también a –M y -Č dando lugar a las evoluciones siguientes: [-P] > [F], [-T] > [-S], [-K/-Q] > [-X], [-Č] > [Š], [-M] > [-N] y, del mismo modo, a los cambios, en el nivel morfológico, del subordinador obviativo -PTI hacia [-XTI] y del sufijo casual de genitivo -P / -PA hacia [-X]/ [-XPA]. El santiagueño ha incorporado a su propio paradigma fonético los resultados de las evoluciones [-K / -Q] > [-X] y [-Č] > [-Š] pero no el resto de los cambios enumerados.
Es obvio añadir, respecto a la temática concreta que ha dado motivo a las presentes páginas, que tampoco fueron reincorporadas al santiagueño las series consonánticas glotalizadas y aspiradas que fueron eliminadas de esta última modalidad diatópica como resultado del proceso koineizador de que nos hemos ocupado anteriormente y que, por el contrario, constituían entonces (y ahora) uno de los rasgos distintivos más relevantes de la variante cuzqueño-boliviana de la lengua quechua.

    El segundo de los condicionamientos determinadores de profundas modificaciones reestructuradoras (y. desde luego, también relexificadoras) en la fisonomía del quechua santiagueño es de identificación evidente y manifiesta. Se trata de la presión ejercida sobre esta variedad lingüística por el español, lengua en contacto con el quechua local desde 1543.
    Dicha presión debió, empero, de ser extremadamente reducida durante más de dos siglos. Colaboraron, sin duda, a ello no solamente la política lingüística general de la Corona española, alentadora del uso de las llamadas lenguas generales tanto en el Virreinato peruano (Heath y Laprade 1982; Mannheim 1984; Cerrón-Palomino 1987c; Cardón Ordóñez 1989) como en el resto de la América hispánica, sino también circunstancias de índole específica entre las que deben ser incluidas la relativa marginación del área santiagueña respecto al resto del territorio rioplatense, el amplio manejo por la población criolla santiagueña del quechua local como lengua de comunicación interétnica y, como parte constituyente de este último contexto, la quechuización lingüística (prácticamente total, sin duda, en el siglo XVIII) de los grupos aborígenes de la zona (Balmori 1959; Morínigo 1959).
    En este prolongado período temporal no es probable que el quechua santiagueño recibiera de la lengua de contacto rasgos de transferencia estructuralmente relevantes aunque sí es evidente que se verificaron en la época que consideramos algunos fenómenos de calco sintáctico y semántico (Granda 1997c y 1997e) referidos, como modelos determinadores, a configuraciones funcionales del español clásico y también, con práctica seguridad, numerosos casos de enriquecimiento léxico derivados de la apropiación, por parte del quechua del área, de vocabulario castellano relacionable con actividades, objetos y conceptos conexos con los procesos específicos de aculturación sociológica desarrollados en la zona como consecuencia de su incorporación a la sociedad hispánica (Poplack et al. 1988; Hout y Muysken 1994).

    Es postulable, con mínimas posibilidades de error en ello, que la situación descrita se prolongara en la comarca de Santiago del Estero -no así en otras, como las correspondientes a las actuales provincias argentinas de Tucumán y Salta (Granda 1993)- no sólo con posterioridad a la promulgación, en 1770, de la Real Cédula que ordenó (con escaso éxito por lo general) el uso exclusivo de la lengua castellana en la América de soberanía española y la cesación, por lo tanto, del empleo en ella de las lenguas generales sino incluso después de la independencia de la República Argentina
Tal estado de cosas se modificó, abrupta y velozmente, a partir de los años centrales del siglo pasado. Confluyeron para determinar este hecho diversos factores, de ámbito nacional unos y otros de índole regional.
    Deben ser destacados entre aquéllos 21  la ideología sarmientina, básicamente menospreciadora de las etnias y las culturas indígenas americanas y auspiciadora de la función homogeneizante de la "lengua nacional" (castellana), la adopción por la llamada "Generación del 80" argentina de referentes culturales, sociales, económicos y políticos europeocéntricos, en especial de procedencia francesa. Y, como consecuencia de todo ello, la implementación, por los gobernantes porteños de políticas educativas, administrativas y lingüísticas orientadas, de modo evidentemente premeditado, a eliminar de la fisonomía colectiva del país cualquier peculiaridad cultural relacionable con núcleos sociológicos aborígenes o, si ello no fuera posible, a considerar a estos últimos si no como inexistentes sí, al menos, como invisibles a nivel nacional.
    Por lo que atañe en concreto al área santiagueña son valorables como elementos modificadores de especial relevancia, en cuanto a la temática específica mencionada, los nuevos condicionamientos derivados de la desregionalización de la economía y la administración provinciales, proceso éste que al mismo tiempo que daba entrada en los niveles superiores de la sociedad santiagueña a un gran número de forasteros, todos ellos monolingües en español, determinaba al mismo tiempo una creciente intensificación de la emigración local a otras zonas de la república, definitiva en muchas ocasiones y en otras sólo estacional pero, en ambos casos, generadora de un claro debilitamiento cuantitativo de la población quechuahablante del área y de un avance, paralelo, en la generalización del conocimiento y uso de la lengua castellana 22  . La cual, al mismo tiempo, se imponía progresivamente como lengua hegemónica (Woolard 1985) y variedad H de una clara situación diglósica (Britto 1986; Hudson-Edwards 1992) no sólo a través de un eficaz sistema educativo, difusor de la "lengua nacional" (y sólo de ella) en todos los niveles, sino también mediante la apertura, creciente, a los medios de comunicación de masas (primeramente escritos, luego también orales y últimamente televisivos) y a fenómenos de movilidad poblacional (servicio militar, turismo, relaciones laborales, etc.), factores, todos ellos, de clara incidencia lingüística hispanizadora. Facilitada esta última, además, por la incomunicación, ya total en la actual centuria, del núcleo quechuahablante santiagueño con otras variedades territoriales de la lengua común, como las bolivianas, y por la extinción, irreversible, de la empleadas en épocas históricas anteriores en diversas zonas del noroeste argentino (Granda 1993).

    Las consecuencias, obvias, de los factores determinadores hasta aquí apuntados en el perfil macrosociolingüístico que debe ser asignado al quechua local contemporáneo son esquematizables en las tres siguientes: reducción progresiva del porcentaje de la población santiagueña usuaria de esta última modalidad lingüística y, paralelamente, limitación de su área geográfica de uso y restricción de sus contextos de empleo, bilingüismo total (en muchos casos con el español como lengua primaria) de los grupos poblacionales que manejan aún la lengua quechua y, finalmente, consideración colectiva (muy mayoritaria por parte de los quechuahablantes locales) del código lingüístico español como modalidad referencial de prestigio incluso para la utilización de su propio sistema lingüístico primario.
    No parece caber duda, pues, de que , si bien esta variante territorial de la lengua quechua no puede ser considerada por su número, aún relativamente alto de hablantes, como una variedad obsolescente (Dorian 1989; Taylor 1992), sí debe ser incluida entre las modalidades lingüísticas en peligro (Robins y Uhlenbeck 1991; Fase, Jaspaert y Kroon 1992) dada la clara direccionalidad minorizadora, aparentemente irreversible (a pesar de muy valiosos intentos, recientes, de invertir la tendencia en cuestión), de su dinámica evolutiva.
    En cuanto a los intensos fenómenos de reestructuración que han tenido lugar en santiagueño como resultado de la presión ejercida sobre sus paradigmas funcionales por el español de contacto, me he ocupado de los mismos en varios trabajos recientes (Granda 1997a, 1997c, 1997d, e.p. a, e.p. b) a los que aquí me remito para no prolongar en exceso este texto. Baste decir, ahora, sobre ellos que, aunque no llegan a afectar a los constituyentes de base del paradigma gramatical del quechua local, sí han modificado en profundidad numerosos rasgos 23  de sus estructuras funcionales, bien a través de claros hechos de interferencia o mediante modificaciones, no menos evidentes, originadas en procesos de convergencia lingüística (Granda 1996).

    Los datos que hasta aquí hemos aducido, como contexto explicativo de un determinado rasgo fonológico (la ausencia de series consonánticas laringalizadas), respecto a la formación y evolución histórica de la modalidad quechua de Santiago del Estero permiten, en mi opinión, proponer, como esquematización conclusiva del sentido y las implicaciones teóricas de los mismos, los siguientes puntos que. sin perjuicio que investigaciones futuras -totalmente necesarias, como ya lo hemos apuntado, sobre todo en relación con algunos temas específicos-puedan modificarlos en algún aspecto concreto, considero básicamente establecidos:
1. La tipología genética primaria que debe ser atribuida a la variedad diatópica santiagueña de la lengua quechua es la de modalidad koiné, derivada de un proceso sociológico de acomodación o convergencia -que culminó o cristalizó (Foster 1960) en las primeras décadas del siglo XVII- de las variantes de la misma lengua arribadas anteriormente al área territorial de Santiago del Estero. Entre estas últimas son, de modo especial, relevantes las relacionadas históricamente con dialectos quechuas, identificables como QIIC (o QS,) y, sobre todo, como QI y QIIA y B ( o Ch1, Ch2 y Ch3).
2. La tipología originaria del santiagueño fue, sin embargo, modificada (aunque no totalmente) como consecuencia de fenómenos de reestructuración condicionados causalmente por su parcial estandarización, dirigida hacia la adopción de la norma ejemplar cuzqueño-boliviana con la cual estuvo en intenso contacto durante un prolongado período de tiempo (1620-primera mitad del siglo XVIII). Este hecho configuró al quechua santiagueño como una clara manifestación de los denominados dialectos terciarios (Coseriu 1980), en la cual los rasgos subsistentes de la modalidad, originaria, de tipología genética koiné coexisten con los procedentes de la variedad estándar prestigiosa (en este caso la cuzqueña-boliviana) que se impusieron a aquéllos desplazando, en gran número de casos, a su homólogos funcionales autóctonos.
3. La fisonomía lingüística del santiagueño, derivada de los dos factores determinadores mencionados, fue posteriormente modificada de nuevo, en un elevado porcentaje de sus elementos constitutivos, por un intensísimo proceso de incorporación de transferencias (Granda 1996) generadas en la lengua española de contacto.
    Como conclusión final de todo ello se impone (en mi opinión de modo insoslayable) la necesidad, ya apuntada por Parker (1969: 281) y acertadamente perfilada después por Adelaar (1995: 46 y, sobre todo, 1994: 149, nota 2), de reconsiderarla, vigente, clasificación dialectal del quechua santiagueño como modalidad incluible, sin más precisiones, en QIIC (Torero 1964) o en QS2 (Taylor 1994).
    Teniendo en cuenta debidamente la especial tipología genética originaria -de carácter koiné- atribuible a dicha variedad dialectal (que persiste aún, a pesar de intensos procesos posteriores de reestructuración, en algunos de sus rasgos caracterizadores de base) considero de todo punto necesaria o bien su plena desvinculación taxonómica 24  del resto de las variantes diatópicas quechuas incluidas en los modelos clasificatorios de las mismas hoy existentes o, en todo caso, su apreciación como modalidad tipológica dotada de rasgos determinadores propios y exclusivos asociable sólo a efectos de enclavamiento territorial -no taxonómicos-a los grupos dialectales QIIC (Chínchay meridional) o QSC propuestos, respectivamente, por Torero y Taylor.



Germán de Granda
Departamento de Lengua Española
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad de Valladolid
47002 Valladolid, España

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NOTAS:

1.-  Mannheim (1983: 50) sugirió, con base en la presencia de determinadas aspiradas protéticas en el quechua ayacuchano, que corresponderían (Carenko 1975) a fenómenos anticipatorios de consonantes glotalizadas secuencialmente posteriores, la posibilidad de que ello constituyera un testimonio de la preexistencia diacrónica de la serie consonántica glotalizada en la mencionada modalidad diatópica. b
2.-  Acepto, para la denominación de esta última lengua, la propuesta de Cerrón-Palomino (1993). b
3.-  El QSC de Taylor coincidiría, pues, con el QIIC de la clasificación dialectal de Torero (1964, 1983) mientras que su QCh abarcaría tanto el QI como el QIIA y B del mismo autor y puede ser subdividido en Ch1 (variedades ecuatorianas), Ch2 (dialectos centroperuanos, especialmente Wanka y Ancashino) y Ch3 (variedades, mixtas, de Ferreñafe, Cajamarca, Chachapoyas y San Martín).b
4.- Como se comprobará en las páginas que siguen, no todos los estudios a los que aquí aludo han visto la luz con posterioridad a 1987. Pero, a pesar de su publicación en años anteriores a esa fecha, algunos trabajos a los que me referiré inmediatamente sólo en la década actual de los años '90 han sido conocidos o han tenido incidencia metodológica de modo general sobre los investigadores especializados en lingüística quechua ya por la escasa difusión de su concreto soporte bibliográfico o por la lejanía, aparente, de sus contenidos y finalidades teóricas respecto al área de investigación referida a la problemática específica de la agrupación lingüística quechumara. Ello justifica, en mi concepto, su inclusión en los apartados correspondientes de la presente monografía. b
5.- Con muy escasa anterioridad a la. renovada, formulación de la hipótesis de la unidad genealógica quechumara por Campbell ya había sugerido la conveniencia de incluir, definitivamente, las series consonánticas glotalizada y aspirada en el Protoquechua Landerman (1994). b
6.-  Los estudios sobre este tema mencionados en el texto fueron precedidos en el tiempo por otros varios, escasamente afortunados, acerca de la misma materia como, por ejemplo, el debido a Urioste (1983).b
7.- Véanse, sobre la temática en cuestión y sus implicaciones metodológicas y teóricas, los importantes puntos de vista expuestos al respecto por Cerrón-Palomino (1995a, 62-64). b
8.-  La conservación de la oposición fonológica /K/ - /Q/, presentada por Hasler (1984: 9) como otro rasgo santiagueño atribuible a la acción del sustrato kakán, no es (obviamente) tal cosa sino simple hecho de retención de una oposición existente en el Protoquechua (PQ), sólo eliminada hoy (como es sabido) en las variedades dialectales quechuas del Ecuador, Colombia y el oriente peruano (incluyendo Amazonas y San Martín) en las que /Q/ > /K/ e, históricamente, en el quechua costeño descrito por fray Domingo de Santo Tomás (Cerrón-Palomino 1989).Téngase en cuenta, además, que en la reconstrucción del fonetismo kakán llevada a cabo por Nardi se considera sólo "dudosa" la presencia del fonema /Q/ en el repertorio consonántico de dicha lengua (Nardi 1979: 5).b
9.-  Es de todo punto probable que entre los componentes de los grupos de mitmas desplazados a los territorios del noroeste de la actual República Argentina existieran hablantes de lengua aimara (al menos como código primario de comunicación) si se toma en cuenta la distribución areal de las lenguas altiplánicas sureñas que, para la época aquí considerada, proporcionan los estudios sobre el tema de Bouysse-Cassagne (1975), Espinoza Soriano (1982) y Torero (1987). Es este tema que requiere, en mi opinión, una consideración más detenida que la que hasta hoy se le ha dedicado teniendo en cuenta, sobre todo, su posible incidencia en la conformación de determinados rasgos del actual quechua santiagueño.b
10.- Me refiero en este punto a que, incluso aceptando la tesis de que las series glotalizadas y aspiradas del quechua cuzqueño-boliviano solamente se desarrollaron, en el altiplano andino sureño, por contacto con la lengua aimara "a fines del siglo XV o principios del XVI' (Torero 1972: 88), no hay inconveniente alguno en considerar que las mencionadas series consonánticas pudieron ser llevadas al noroeste de la actual Argentina por los mitmas incaicos ya que estos siguieron estableciéndose en dichos territorios hasta las mismas fechas en que tuvo lugar la "entrada" (Piossek Prebisch 1984) de Diego de Rojas (1543) (Lorandi 1980 y 1983: Lorandi y Cremonte 1991). b
11.-  Ténganse en cuenta, acerca de este particular, las opiniones al respecto de Hernando de Santillán y de Gonzalo Fernández de Oviedo, conocedores directos del tema en cuestión: "... cada conquistador tomó tantos yanaconas como tenía el inca casi" (Santillán 1968, 137); "... los han llevado [a los yanaconas] cargados y en colleras y muertos de hambre y no hay entrada que se haya hecho que no cueste más de diez mil indios que llevan de esta manera", "... aquellos capitanes que salieron a poblar, como es dicho, llevaron de los indios de paz. a tres y a cuatro mil indios para cargar y, como los sacan de sus naturalezas, por maravilla vuelve indio porque los más se mueren y a los que quedan córtanles los cabellos y hácenlos yanaconas" (Fernández de Oviedo 1959: 136 y 207). Por lo que se refiere al caso concreto del área territorial de Tucumán sabemos, por un informe del Gobernador D. Juan Ramírez de Velasco, que la ciudad de San Salvador de Jujuy fue fundada con una población originaria constituida por cuarenta "vecinos" (españoles y criollos) y tres mil "indios amigos" y que, del mismo modo, Córdoba recibió un contingente poblacional inicial de cincuenta "vecinos" y más de seis mil indios (Morínigo 1959: 83-84). La relevancia demográfica de los yanaconas de origen peruano en el poblamiento de los territorios noroccidentales de la actual Argentina durante los siglos XVI - XVII es comprobable a través de datos, de índole toponímica y antroponímica, aducidos al respecto, muy justamente, por Nardi (1962: 270-271) que, sin duda, son aún susceptibles de ampliación (como ejemplo de ello cf. Bravo 1990: 25-27).b
12.- En el nivel fonético, entre otros, pérdida de H -inicial, fricativización de /LL/ y ensordecimiento posterior del sonido resultante ante consonante sorda, conservación (parcial) de la distinción /S/ - /Š/ y de la S- inicial. En el nivel morfológico, generalización de la transición -SU a todos los casos de objeto verbal de segunda persona y empleo del morfema casual -TA tanto para objeto directo como indirecto. En cuanto al léxico, posee la misma implicación genética el uso, por ejemplo, de voces como tukuy, qaya y qanimpa  (Adelaar 1995: Granda 1997b). b
13.- La traducción de la cita es propia. b
14.-  Entre otros, la reestructuración de funciones de los sufijos casuales -TA y -MAN (Granda 1997b).b
15.-  Cf. las restricciones de uso que afectan en santiagueño al morfema continuativo -RAQ. al certitudinal -PUNÍ y al contrastivo -TAQ (Nardi ms.).b
16.-  Por ejemplo, el desuso en quechua local del marcador aproximativo simultáneo –STIN, del sufijo derivacional verbal inductivo (y afectivo) –YKU, del eductivo –RQU, del oscilativo –YKACHA, del frecuentativo -PAYA, del estático -RAYA, del simulativo -TUKU, del continuativo -NYA, del asistivo -YSI, del sufijo derivacional nominal de índole privativa -NAQ. etc. Sobre los valores funcionales secundarios de algunos de ellos, véanse, sobre todo, los estudios de Adelaar (1988) y Weber (1989).b
17.- Así la preservación parcial de la oposición /S/ - /Š/ y de S- inicial o la eliminación de H- también inicial (Adelaar 1995). b
18.-  Como la ampliación funcional que experimentó en santiagueño la transición verbal -SU marcadora de objeto de segunda persona (Adelaar 1995).b
19.- En muchos casos (quizá en la mayoría) ni siquiera sería necesaria -en relación con el rasgo concreto que en estas páginas nos ocupa- la puesta en marcha de estas tendencias simplificadoras en el proceso de apropiación de la lengua quechua por la población aborigen santiagueña ya que la modalidad de aquélla que era transmitida a los hablantes originarios de lengua kakán no poseía, en gran número de casos, series consonánticas aspiradas y glotalizadas. Recuérdese en este sentido que, en una Información ordenada por el Virrey Don Francisco de Toledo en 1571 (Levillier 1920:409,411,413, 415), varios testigos declararon que, por falta de sacerdotes, eran los yanaconas quienes se encargaban de enseñar la doctrina cristiana a la población aborigen tucumana. Y en esta tarea (que comportaba evidentemente un simultáneo proceso de quechuización lingüística) la modalidad de lengua empleada por los improvisados evangelizadores fue, sin duda, muy mayoritariamente o el quechua peruano central y norteño o la lengua general, modalidades ambas carentes de consonantes laringalizadas en la época fundacional de Santiago del Estero. Por lo que se refiere al posible empleo (en estas tareas y en otros casos de interacción lingüística entre la población aborigen santiagueña y los conquistadores y yanaconas llegados del Perú) de la lengua general, coincidente con la descrita por Fray Domingo de Santo Tomás, debe ser debidamente valorada la afirmación de este último de que la misma "se usaua generalmente della de todos los señores y principales de la tierra, y de muy gran parte de la gente común della" (Santo Tomás 1995 [1560]: 9) lo que debe ser aplicable también a una parte, al menos, de los contingentes humanos de origen peruano (no sólo de los "indios amigos" sino también de los españoles) actuantes en la conquista y colonización del área santiagueña.b
20.- No hay. en efecto, limitaciones estructurales, internas, a la intensidad de los procesos de transferencia derivados de situaciones de lenguas en contacto (Thomason y Kaufman 1988: 35) si los condicionamientos sociolingüísticos (referidos básicamente a la duración, modalidad e intensidad del contacto) son los adecuados. Concluyente comprobación de ello facilita, entre otros hechos similares, el conocido caso de la lengua africana ma’a o mbugu, reestructurada de modo intensísimo en dirección a la variedades dialectales de tipo bantú que la circundan (Thomason 1983 y 1997b: Mous 1994). b
21.- Como se ha hecho recientemente (Fernández Lávaque 1997) en relación con el estado actual y las perspectivas de futuro de otras lenguas aborígenes del noroeste argentino.b
22.- Fenómenos sociológicos como los mencionados en el texto han debido determinar en el área santiagueña, desde mediados del siglo pasado hasta la actualidad, un proceso progresivo de sustitución de sus redes sociales internas, originariamente densas y múltiples, por otras de índole laxa y débil. Este hecho, como es sabido, origina en el ámbito lingüístico una acelerada restricción de las modalidades vernáculas de habla (en este caso la lengua quechua), que son reemplazadas por la modalidad comunitaria prestigiosa (español en el contexto en cuestión). Sobre este enfoque teórico del tema que aquí consideramos cf. L. Milroy y Margrain (1980); L. Milroy (1980) y J. Milroy (1991). b
23.- Ninguno de ellos implica, como es lógico, al rasgo fonológico específico que ha dado motivo a estas páginas, es decir a la inexistencia en quechua santiagueño contemporáneo de series consonánticas glotalizadas y aspiradas. Sería de todo punto imposible que la presión del español de contacto hubiera alterado, en este aspecto, la fisonomía fonética del santiagueño koiné originario ya que el sistema fonológico castellano no posee, obviamente, tales sonidos.b
24.- Quizá juntamente con el quechua ecuatoriano, que parece compartir con el santiagueño características básicas propias de modalidades diatópicas de tipología genética koiné (Muysken ms.).b
 


 

 



(c) ADILQ - Asociación Investigadores en Lengua Quechua
 Jorge R. Alderetes - Lelia Inés Albarracín (1997)