CASTELLANIZACIÓN
O
ETNOCIDIO CULTURAL




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Entrevista: Víctor Carranza

Rodolfo Cerrón-Palomino, lingüista, profesor sanmarquino y recientemente nombrado Miembro de la Academia Peruana de la Lengua, nos da testimonio, en esta entrevista, de la imperiosa necesidad de subvertir la cultura en nuestro país de todas las sangres. Su denuncia del despojo cultural al cual vienen siendo sometidas las colectividades andinas, desde hace 500 años, rebela una realidad que debiera hacer reflexionar con mayor profundidad a nuestros liberales de derecha e izquierda.

 

KN: Tras la invasion militar a los pueblos andinos, España consolida su hegemonia a través del etnocidio cultural de esas colectividades. Por ello, la «dominación total» se expresaría en el momento en que los nativos andinos sintieron vergüenza de sus propias lenguas y culturas. Se enajenaron, incomunicándose a si mismos. En relación a esto le preguntamos: ¿en qué medida el compulsivo proceso de castellanización erosiona las culturas andinas?

-Cerrón Palomino: Lengua y Cultura están íntimamente relacionadas. No comparto las tesis de los antropólogos que sostienen la posibilidad de sobrevivencia de la cultura aunque la lengua perezca. Creo que si la lengua perece, se va con ella parte esencial de una cultura. Entonces, una reivindicación auténtica, una autoafirmación, una revitalización étnica suponen necesariamente una lucha por la revalorización idiomática. La experiencia demuestra que los procesos de descolonización han supuesto siempre la lucha por la identidad idiomática. Recordemos el caso de Argelia donde uno de los primeros pasos de su independencia de Francia fue la reivindicación de la lengua nativa a pesar de que el francés se utilizaba como el idioma oficial. Por todo ello, no creo en culturas traducidas o en identidades que se autoafirmen en una lengua traducida; toda cultura traducida es una cultura desvirtuada en su originalidad.

Habría que añadir que «la traducción» y su representación ideográfica, la escritura, ha sido desde el primer momento de la invasión, un instrumento de poder. Cuando Atahualpa arroja la biblia por serle ininteligible, Pizarro ordena el ataque. Ello es sintomático y se repetirá de mil maneras y todos los días en la vida de las gentes de los andes ...

- Estoy de acuerdo con que la escritura fue y sigue siendo instrumento de poder de primer orden. Habría que añadir su importancia como depositaria y reproductora de los conocimientos, de las leyes, de las tradiciones; de allí la necesidad de exigir no sólo la defensa de las lenguas andinas sino su desarrolio integral, consolidando la escritura en la educación bilingüe.

Uno de los aspectos eurocentristas, es considerar a las manifestaciones de las culturas andinas como folklore. Y folklore es lo menor, lo marginal, lo raro, aquello que no tiene la categoría y el status de la cultura dominante, la europea: el español aquí, la inglesa en otro sitio. El hecho que haya intelectuales originarios del Perú quechua, aimara hablantes y que se refieren a su propia cultura como «folklore», ¿no es una paradoja?

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- Lamentablemente, muchos han caído en el juego de aceptar como folklore la creación cultural de los pueblos andinos En el campo lingüístico cuando el intelectual no produce nada en su lengua indígena, está siendo cautivo de esa tendencia. Decir que no vale la pena esforzarse en alfabetizar en quechua o en aimara, es una constante en el quehacer intelectual. Qué lejos esta actitud de la de un catalán, un vascohablante y la de un intelectual como Lutero que, cuando el alemán era considerado lengua de bárbaros, tuvo la osadía de emplearla como vehículo de contenidos bíblicos y filosóficos, potenciando este idioma en el contexto europeo. Con honrosas excepciones, nuestros intelectuales no han asumido este reto, lo han descuidado enormemente. Pero, lo que es peor, pienso que para ellos no sólo no existe problema lingüístico cultural, sino que además se oponen al bilingüismo. Y en ese sentido hay una coincidencia extraordinaria entre la actitud de los grupos tradicionales, reaccionarios y aquellos que se reclaman reivindicacionistas, de izquierda. Esta actitud mental la percibo también en los dirigentes políticos, de derecha y de izquierda: cuando se trata del factor étnico o de la cultura andina, los dos extremos terminan dándose la mano.

Si graficáramos sus palabras nos hallamos frente a un niño quechuahablante aprendiendo en español no sólo cosas que él maneja muy bien en quechua, por ejemplo aspectos de las ciencias naturales, la clasificación de plantas, sino además, una concepción del mundo hostil a sus tradiciones. El profesor de esta escuela andina es también quechuahablante; pero reproduciendo un rito de Poder instaurado hace siglos, enseña en castellano. Los resultados están a la vista: una educación sin autenticidad, divorciada de la historia de los vencidos, extraña a su ecología. Obviamente, el problema no es el idioma en si mismo, sino los contenidos. ¿Este cuadro deviene permanente en la experiencia educativa andina?

- Merced al sistema de educación tradicional, eso pasa a diario en todas las comunidades andinas, donde se levanta una escuela. Paradógicamente, los maestros, son el primer obstáculo en la tarea de reivindicación idiomática. La mayoría de ellos son de ascendencia indígena quechua o aimara hablantes; pero han interiorizado para sí la conquista del castellano como algo que no pueden ya renunciar. Además, no quisieran ver que los alumnos y sus hijos,  pasen por lo que ellos pasaron: reducción de oportunidades de ascenso social, marginación, discriminación racial. Son los primeros en reaccionar negativamente contra cualquier esfuerzo reivindicativo en el campo de la lengua. Paralelamente a ello, el gremio de los maestros (SUTEP), descuida totalmente el aspecto cultural y por supuesto el lingüístico, priorizando el plano economicista, comprensible en una situación de crisis que empuja a la lucha por la sobrevivencia; pero, precisamente porque se trata de revertir una crisis de estructuras y no sólo financiera, considero que en su tabla de reivindicaciones deben incorporarse los aspectos lingüístico y cultural para las colectividades andinas u otras. No creo ser injusto cuando afirmo que los maestros están sumamente aculturados, no en vano han pasado diez o quince años de formación escolar asimilacionista, asumiendo subliminalmeme la ideología de la opresión lingüística, y la opción eurocentrista.


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En ese contexto la situación es compleja, porque estamos diciendo que la mayoría de los agentes culturales, en este caso los maestros y «la clase politica» están alienados en una perspectiva hacia Occidente. ¿Un proceso de reencontrarse con su cultura y sus tradiciones en estas comunidades, exige combatir también estos instrumentos de enajenación cultural?

- Así es. Yo veo muy difícil el panorama, porque estamos hablando de recrear un movimiento social que desborda la reivindicación idiomática y que supondría un cambio radical, una revolución total de las fuerzas productivas y de Poder en el país. Cualquier otra solución que prescinda de este cambio desde las raíces mismas de la sociedad peruana es muy poco lo que puede hacer. Pretender reorientar un proceso de aculturación desde una opción culturalista, que no toca las bases en que se asienta esta sociedad, es una incoherencia. Lo que pasa es que desde una óptica criolla, nunca hubo un cuestionamiento de la identidad. Quiénes éramos, de qué culturas formábamos parte y cuáles eran nuestras lenguas, nunca supuso una problematización para la ideología oficial. Se asumió que lo mejor, lo más dinámico, la modernidad venía de España. En otras palabras, nunca hubo una verdadera revolución cultural en el país.

El problema se agrava cuando percibimos que la renuncia de las lenguas es parte de un renunciamiento mayor, el de la propia cultura. Y todo esto se da en una tendencia en que la cultura dominante, a la que se quieren integrar, discrimina a los andinos y no les ha dado, en cinco siglos, ni felicidad ni riqueza. ¿Es posible que en una dinamica de «contracultura» las lenguas andinas, -recreándose a sí mismas-, sean capaces de recrear sus identidades culturales?

- Los estudios que se vienen haciendo de las distintas lenguas que sobreviven al desplazamiento organizado por parte de las entidades oficiales, dan pie como para sostener que la revaloración idiomática y el reencuentro con la identidad desquiciada es posible. Aún más, da sentido histórico a nuestras lenguas indígenas, por lo menos para hablar de las lenguas llamadas mayores: el aimara, el quechua y otras lenguas de la selva. Estas constituyen un potencial para quienes la emplean y la tarea fundamental consiste en tratar de recuperar el orgullo idiomático perdido, porque es una realidad el hecho de que donde hay una lengua que domina y aplasta a las demás, los hablantes han interiorizado para sí lo que llamamos nosotros el autoodio: se menosprecia la lengua nativa, se la niega. Realmente, se tiene que pelear contra fuerzas que vienen desde hace casi quinientos años consolidando su Poder vía el genocidio, el etnocidio cultural y la sublimación de un eurocentrismo que -aunque nos sea doloroso reconocerlo- ha sido la concepción de mundo asimilada por el grueso de la población, incluidos muchos de nuestros intelectuales.

¿Como conciencia falsa?

- La respuesta no es tan simple, hay grados de intermediación, de «mestizaje» que crean una diversidad de opciones inéditas; sin embargo, ello no elude la responsabilidad de estos grupos en el etnocidio cultural evidente hacia las comunidades andinas. Por eso es importante la batalla por la vigencia y el desarrollo de las lenguas andinas, porque el proceso de liberación a nivel de la cultura les hará no sólo saltar esa situación vergonzante, sino que además sintiéndose orgullosos de hablar su lengua van a empezar a explorar las posibilidades de romper la opresión social, de recrear las relaciones políticas. Así de importante es la reivindicación de las lenguas en las culturas andinas.

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Arguedas, y su grito de combate: ¡Kachkaniraqmi! (Aquí estamos; con todas nuestras posibilidades de reintegración y crecimiento) implica el deseo subjetivo de un intelectual de vanguardia o expresa el sentir de los comuneros andinos?

- Yo creo que Arguedas significó en su momento una toma de conciencia individual frente a la cultura y a la lengua en una situación de prejuicio y de vergüenza racial. Pero, la labor de Arguedas, en un contexto de compromiso social, puede ser tomada, con todas las limitaciones, como expresión de una subjetividad colectiva.

Felizmente, hoy día, existen propuestas en la dirección de subvertir un orden de etnocidio cultural, estamos pensando en los esfuerzos por crear programas de educación bilingüe que, desde hace varios años, vienen implementándose en Puno, tarea de la cual usted es uno de sus principales gestores. Ello, ¿es un esfuerzo regional, marginal, o tiene un aval a nivel de currícula en las escuelas de esas zonas?

- Estos programas de educación bilingües son convenios con organismos internacionales que tienen que contar con el aval del gobierno para poder operar. Eso permite afianzarlos en currículos experimentales. Realmente, es poco lo que se puede esperar de los organismos oficiales, creo que hacen bastante con permitirnos movilizarnos dentro de estos espacios creados a costa de mucho esfuerzo.

¿Cuál es su evaluación de esta experiencia?

- Los resultados son asombrosos en todos los sentidos. Es evidente que las vivencias fluyen mejor a través de la propia lengua: conocimientos, experiencias, sensaciones, se han interiorizado en ella y por lo tanto esta lengua es la única capaz de poder transmitir espontáneamente y con coherencia estos contenidos. En lo que respecta a educación bilingüe rescatamos no sólo el uso instrumental de las lenguas, sino la preocupación por hacer de todo este bagaje cultural un sistema de valores y de conocimientos en igualdad de condiciones, al lado de los contenidos culturales de Occidente. Por último, en esta evaluación, distinguimos dos aspectos: primero, técnicamente, la educación bilingüe es posible; segundo, políticamente no se ha forjado conciencia en esa direccción, por lo menos no en la intensidad que se dan en Ecuador donde son los grupos indígenas organizados los que reclaman su propio sistema educativo, los que están consiguiendo todo tipo de reivindicación cultural y política o en Bolivia, donde los maestros son los primeros en reclamar educación bilingüe para sus alumnos y para sus comunidades.

¿Se ha logrado potenciar una conciencia de identidad andina o cultural autónoma en la región en que han trabajado estos proyectos?

- Diría que diez años es muy poco tiempo para poder evaluar; pero afirmaría que los padres de familia han sido los primeros en convencerse de los beneficios de este tipo de programas. Al principio, ellos eran los más reacios a aceptar un sistema de educación bilingüe; querían que sus hijos aprendan el castellano de una vez por todas, para superar el trauma de la discriminación y el sólo hecho de hablarles de una educación en su propia lengua, lo asociaban como una especie de segregación, y de involución. Sin embargo, al cabo de cinco años de experiencia, viendo a sus hijos leyendo los textos en su lengua materna, se han dado cuenta de las ventajas de este aprendizaje: si comparamos a un niño educado por el sistema regular (sólo en español) durante cinco años con uno que ha pasado el mismo período por la educación bilingüe, observamos que el último ha desarrollado más sus capacidades intelectales y, además, habla fluidamente las dos lenguas.

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¿El proceso neoliberal en curso, ¿de qué forma está atentando contra el proyecto de defensa de las identidades culturales, en nuestro país?

- A medida que va penetrando el capitalismo en los últimos rincones del país, en donde se pone una bandera, una escuela, ahí van entrando, cada vez con más agresividad, los factores alienantes. Todas las comunidades andinas están siendo arrinconadas en su escala de valores y tradiciones, a través de poderosos mecanismos de dominación a disposición del Estado. De manera que los grupos indígenas viven en permanente acoso y cooptados por esa seductora oferta que les viene desde los discursos liberales: la modernización.

¿Qué posibilidades hay de generar resistencias al actual proyecto neoliberal?

- Si hablamos de contratendencias orgánicas, de largo aliento, las posibilidades son limitadas. A nivel de comunidades, de gentes, los aimaras tienen mayor conciencia y mayor solidaridad étnica que los grupos quechuas, totalmente disgregados en ese sentido. En cuanto a los equipos de promoción e investigación que están a la vanguardia de estas propuestas carecen de capacidad organizativa y se mantienen dispersos, tratando además de sortear el temor de ser calificados como alentadores de labor subversiva. Sin embargo, no todo es negativo; percibimos un desborde popular que tiene su propia lógica inercial, que no es otra que la de recrear su identidad a pesar de todos los proyectos que apuntan a su opresión. En los investigadores sociales está también la preocupación, cada vez mayor, sobre la problematización de las identidades culturales y esto es gratificante. Particularmente, vengo participando a nivel nacional e internacional en proyectos que potencien la defensa y el desarrollo integral de las lenguas andinas. Actualmente, desarrollamos en Puno, un programa de maestría de educación bilingüe con intelectuales bolivianos; en otras oportunidades lo hemos hecho con intelectuales ecuatorianos; el nivel académico es de excelente calidad, sin descartar el uso de computadoras. Existe, pues, coordinación entre los grupos representativos de distintos países, a fin de que se aproveche la experiencia de cada uno y se ahorren energías en la producción de materiales o en intercambios de experiencias, creándose una conciencia panandina de los grupos aimara y quechua hablantes. Obviamente, todo este esfuerzo no se conoce fuera del ambiente especializado, pero es una tarea en la cual estamos comprometidos muchos, desde hace quince años y los frutos se están viendo poco a poco. Por otro lado, considero que esta reivindicación tiene que ser afrontada, también como empresa individual: hablando por teléfono, escribiendo cartas, investigando, organizando concursos, utilizando la lengua en cualquiertipo de circunstancias.

El proceso de reencontrarse no afectaría sólo a los andinos sino también a los estamentos criollos y mestizos que de una u otra forma van a confrontar su identidad cultural unos con otros ¿Se pueden prever las consecuencias?

- La tarea nuestra es hacer un esfuerzo de modo que los hablantes puedan recuperar el orgullo idiomático, aunque ello choque con la actitud de los estamentos sociales reacios a aceptar la realidad peruana en su verdadera dimensión: pluricultural, multiétnica, policlasista. Considero que estos grupos de Poder, de alguna manera tienen que cambiar, porque el Perú está cambiando (la andinización de Lima -la «Ciudad de los Reyes»-, es un ejemplo), y ello -aunque de manera traumática-, es una tendencia irreversible de recomposición social. Esta realidad está tocando ya las puertas de los grupos más reaccionarios y algún día se da rán cuenta que estamos en un país andino; que no estamos en Europa, ni en EE.UU. y que imitar patrones culturales ajenos ya no tiene sentido, que eso es ir contra la historia. Sin embargo, habría que añadir que una opción de sociedad bilingüe, deberá encontrar los canales de apertura de espacios de convivencia democrática entre todas las gentes de este país desgarrado.


   

 

 



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